Salah, un jugador diferente

Mohamed Salah vive el mejor momento de su carrera deportiva. El domingo fue nombrado el mejor jugador de la Premier en la presente temporada por sus propios compañeros. En el Liverpool ha encontrado un ecosistema perfecto para explotar sus virtudes.

Desde que llegó al fútbol europeo se podía percibir claramente que teníamos delante un jugador distinto. Rápido, hábil, ideal para marcar diferencias. Sobre todo en un equipo concebido para correr, siempre con espacios. Pero en los últimos meses hemos visto una evolución. Salah es un jugador mucho más determinante, juega con una confianza en sí mismo que llama la atención. No sólo al contragolpe, tiene muchos más registros. Se ha destapado como un gran goleador y hay varios factores clave para comprender su evolución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: depor.com

El sistema del Liverpool

Kloop juega un 4-3-3 sin una referencia clara arriba. Eso beneficia a un jugador con mucha movilidad como es Salah. Los movimientos del egipcio nunca chocan con sus compañeros de ataque. Su punto de partida es la banda derecha, desde allí arranca, pero abarca todo el frente de ataque. Firmino es lo que denominamos un “nueve moderno”, de los que nunca está y siempre aparece. Y además deja espacio para que lo aprovechen los que llegan desde atrás. Algo parecido ocurre con Sadio Mané. El senegalés va desde la izquierda hacia dentro. Firmino es el socio ideal de ambos.

La responsabilidad del gol

A diferencia de lo que le sucedió en el Chelsea y en la Roma, en este Liverpool no existía de inicio la figura de un gran goleador. Salah marca diferencias en muchas jugadas por su velocidad. A eso une habilidad para el regate y se ha mostrado como un gran finalizador, especialmente en espacios reducidos y en el mano a mano a mano con el portero. En eso es en lo que más ha crecido. Lleva 31 goles en liga, Firmino 15 y Mané 10, entre los tres 56. En la Roma, su rival esta noche, hizo 14 y 15 tantos en cada una de sus dos temporadas. Allí, sí había un “9” de área como Dzeko.

La selección

Egipto ha vuelto a un Mundial 28 años después, de la mano de Héctor Cúper. La estrella es Salah. El buen momento en su selección le llega en el tramo decisivo de su carrera. Ha firmado 5 goles en la fase de clasificación. Un buen verano en Rusia le pondrá definitivamente en el punto de mira de muchos equipos grandes. Aunque ya juega en uno,  que ha vuelto a semifinales de Champions 10 años después, en parte gracias a él.

Arconada, Luis, Gil, Futre… mi primera final de Copa

Barça y Sevilla disputan mañana la final de la Copa del Rey en Madrid. Me puse a pensar en la primera final de Copa que recuerdo. Es la de 1987. Se jugó en La Romareda y enfrentó al Atlético de Madrid y la Real Sociedad. Fue un caluroso 27 de junio, coincidiendo con la elecciones a la Presidencia del Atlético. El Atleti disputaba dos partidos, uno en las oficinas del Calderón por la mañana y otro en Zaragoza por la tarde. El de Madrid lo ganó Jesús Gil. Llegó con Paulo Futre, flamante campeón de Europa con el Oporto un mes antes, colgado del brazo. En Zaragoza ganó la Real. Fue una final preciosa, plagada de detalles y disputada a 36 º grados centígrados, pasadas ya las ocho de la tarde.

Así llegaron

Los rojiblancos llegaron tras una liga discreta. Fue la famosa temporada del Play-Off, en la que acabó 7º. Un curso muy difícil. Comenzó Vicente Miera en el banquillo, le sustituyó Martínez Jayo y acabó de regreso Luis Aragonés. En febrero falleció Vicente Calderón, dejando huérfano el palco del mejor Presidente de la historia del club. Un día después de la final, el Presi era Gil, la estrella Futre y el técnico, César Luis Menotti. Así, de un plumazo. Aquella final de Zaragoza supuso un antes y un después en la historia del Atleti.

La Real agotaba los últimos vestigios del equipo campeón de liga a comienzos de la década. Aguantaban, Arconada, Górriz y Zamora, de los titulares del once histórico. En la plantilla y ya con mucho más peso, Gajate, Larrañaga y José Mari Bakero. Era la primera Real de Toshack. Terminó la liga empatada a puntos con el Atleti. La final de Copa se presentó como la oportunidad de ambos para jugar en Europa el curso siguiente. Esperaba la Recopa.

La final fue un magnífico espectáculo. El pequeño diablo, Roberto López Ufarte, firmó un partido extraordinario. Fue su último encuentro con la Real, cuatro días después se convertiría en jugador de su rival esa noche. Menotti ya le quiso cuando entrenaba al Barça, como el propio Roberto contó esta semana en Fiebre Maldini. Finalmente se lo llevaría al Atleti.

Luis colocó a Landáburu, centrocampista de tronío con llegada y un disparo extraordinario, a marcar al hombre a López Ufarte. El extremo realista le volvió literalmente loco en la primera parte. Hubo un intercambio de golpes permanente. López Ufarte adelantó a la Real a los 9′ minutos, el Polilla da Silva empató a los 25′, Txiki Beguiristain devolvió la ventaja a la Real, cerca del descanso, y el extremo Atlético, Juanjo Rubio, puso de nuevo las tablas a un cuarto de hora del final.

Así jugaron

El partido tuvo muchos nombres propios. Toshack dispuso dos marcadores, Górriz y Gajate, y un hombre escoba, Dadie. El Atleti era mortal al contragolpe y Luis jugaba con dos nueves, Uralde, ex realista, y Da Silva. Dadie fue el encargado de salir al corte en todo momento. Por la derecha hizo un partidazo, Javi Sagarzazu. Siempre en el recuerdo, falleció un mes y medio después, siendo ya jugador del Depor, de forma prematura e inesperada. La Real dejó de ancla a Bakero arriba. José Mari buscaba sacar provecho a su magnífico juego aéreo, pese a medir  1,72 m. Enfrente, nada más y nada menos que Arteche y Ruiz. La Real buscaba siempre el juego por banda y la habilidad de sus extremos, para favorecer la llegada de los centrocampistas. Larrañaga y el veterano Jesús Mari Zamora, héroe del Molinón 6 años antes, siempre fueron jugadores con llegada y gol, sobre todo Zamora.

Luis Aragonés era un técnico distinto al que conocimos los últimos años en la selección. Su Atleti del 87 jugaba un 4-4-2 basado en el repliegue y un contragolpe sensacional. Mientras aguantó el físico, la Real proponía y el Atleti se estiraba. Un ida y vuelta precioso. El extremo calor fue haciendo mella y en los últimos minutos los jugadores estaban tiesos. Luis había metido a Julio Salinas por Marina, nada más comenzar la segunda parte. El uruguayo Da Silva retrasó su posición trabajando a destajo. En la prórroga, entró Quique Setién. Un fino estilista al que Luis había relegado al banquillo ya en la temporada anterior. Su suplencia en la final de la Recopa en Lyon ante el Dinamo de Kiev, un año antes, aún coleaba. En su vuelta al banquillo, Luis seguía viendo a Setién como un revulsivo para el tramo final de los partidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: realsociedad.eus

Un desenlace precioso

Se llegó a los penaltis. Ahí estaban Arconada y Abel, veteranía contra juventud. Luis Miguel Arconada había superado una grave lesión en la rodilla. La temporada 85-86 se la pasó en blanco. Su lesión ante el Celta, en la primera jornada, fue un palo muy gordo. Había desaparecido de la selección tras una derrota en Gales camino del Mundial de México, injustamente señalado por el fallo en la final de la Eurocopa del 84, además.  Su extraordinario nivel en esta campaña, tras su recuperación, y sobre todo en la siguiente, estuvo a punto de suponer su regreso con España. Finalmente, Miguel Muñoz mantuvo a Zubi y no llamó a Arconada para la Eurocopa del verano del 88, en Alemania. Muchas voces pedían su regreso.

“No pasa nada, tenemos a Arconada” gritaba la mitad de La Romareda realista. Arconada detuvo los lanzamientos de Da Silva y Quique Ramos y la Copa viajó a San Sebastián. Fue un broche de oro para él y Zamora, estandartes de la gran Real. Para el Atleti fue el fin de una era y el comienzo de unos años volcánicos. Pero esa es una historia que contaremos otro día. Ojalá mañana veamos una final la mitad de bonita y emotiva que aquella…

 

 

 

 

 

De A Coruña a Atenas

Sábado 14 de mayo de 1994, A Coruña

Miroslav Djukic estaba a punto de inscribir su nombre con letras de oro en la Torre de Hércules para siempre. Once metros y un portero separaban al Depor de la primera liga de su historia. El Barcelona ganaba con comodidad en el Camp Nou al Sevilla por cinco a dos. En ambos encuentros esperaban el pitido final. Djuca, como le llamaba Arsenio, suspiró. Era el vivo reflejo de la duda. Al serbio se le encogió el pie y González atrapó el balón. Donato, lanzador habitual, lloraba en el banquillo, sustituido minutos antes que Quique Sánchez Flores trabase a Nando y López Nieto pitase penalti. Bebeto renunció a lanzarlo, Djukic asumió la responsabilidad y falló. Pero sólo fallan los grandes, los que se atreven. Djuca lloraba amargamente su infortunio en el suelo, inconsolable. Igual que Arsenio, el Zorro de Arteixo, mito viviente, arquitecto del primer gran Depor. Un equipo irrepetible que reinó sin ganar. Lo más difícil en fútbol.

A Coruña lloraba, Barcelona festejaba. Era el cuarto título consecutivo del Dream Team, el tercero logrado en la última jornada. Se instaló el estado de euforia en el Camp Nou. Nada hacía sospechar que cuatro días después concluiría un brillante ciclo de la forma más abrupta posible.

 

 

 

 

 

 

 

Miércoles 18 de mayo de 1994, Atenas

En aquella temporada 93/94 se permitían cuatro extranjeros por equipo, sólo tres podían jugar de inicio en el once. El Barça tenía a Koeman, Laudrup, Stoitchkov y Romario, casi nada. En Barcelona ya era un secreto a voces que Laudrup se iba al Real Madrid. Aquello sentó como una bomba en el vestuario, Cruyff tenía claro el descarte para la final. Pero ni una noticia de ese calado parecía frenar la euforia.

Enfrente estaba el Milan de Fabio Capello, un conjunto distinto al que deslumbró con Arrigo Sacchi pocos años antes. Mantenía varios jugadores de aquel equipo, pero contaba con la baja de su pareja de centrales titular, Alessandro Costacurta y Franco Baresi, dos ausencias de tronío. Todo apuntaba a una victoria azulgrana. La segunda orejona de su historia estaba muy cerca.

El partido fue un ejercicio de practicidad de un Milan que terminó ganando por aplastamiento. Porque aquel Milan no ganaba, te aniquilaba. Con vestigios en su juego del gran Milan de Sacchi, militarizado más aún por Capello con las marcas individuales. Filippo Galli y Christian Panucci se pusieron el disfraz de Costacurta y Baresi, respectivamente. Se marcaron un partido soberbio en el centro de la defensa anulando por completo a Stoitchkov y Romario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Milan replegó y esperó al Barça para fulminarle a la contra. El poderío físico de los rossoneri fue conmovedor. Desailly planeaba literalmente sobre la hierba del Olímpico de Atenas. De un área a otra, con una influencia imperial sobre el encuentro. Culminó su partido con el cuarto tanto, una mezcla de potencia y despliegue descomunal. Así era Marcel Desailly en todo su esplendor.

Al descanso ganaba el Milan 2-0 con un doblete de Daniele Massaro. Un jugador dos veces mundialista con 12 años de diferencia. Estuvo en la Squadra de Bearzot en el 82, cuando Pertini daba saltos en el palco y Tardelli nos dejó la celebración de todos los tiempos, tras marcar el segundo gol de los tres que Italia le hizo a la República Federal de Alemania en la gran final. Repitió con Sacchi en el 94. Celebró su presencia en la lista con dos goles en la final a sus 33 años.

El partido se acabó en el minuto cincuenta y siete. Savicevic diseñó una genialidad en su cabeza. Escorado a la derecha soltó un disparo parabólico con la izquierda, casi desde su Pogdoriça natal. La pelota bajaba con nieve y despistó a Zubi. Ese gol acabó con la trayectoria de Andoni en Barça. Puso fin a ocho años brillantes defendiendo la meta azulgrana.

Aquello dio lugar a un verano loco. Cruyff quiso dar un golpe de timón, poner fin a un ciclo glorioso. El mismo confesó años después que se precipitó. El primer damnificado fue Zubi, hubo más, pero esa ya es otra historia.

Con el pitido final del inglés Philip Don, la Piazza del Duomo se llenó de bufandas rojinegras. En el fútbol de las urgencias, el Barça deshizo un equipo campeón en cinco días, los que transcurrieron desde la parada de González al tanto de Savicevic. De A Coruña hasta Atenas, pasando por Barcelona, tres ciudades en las que el destino cambió para siempre la vida de varias personas, así es el fútbol.

Hubo un damnificado principal, Andoni Zubizarreta Urreta. Un gran portero, un magnífico Director Deportivo. Historia viva del Barcelona. Como tantas y tantas veces en el fútbol, da la sensación que no salió del Barça como merecía en ninguna de las dos ocasiones en las que tuvo que emigrar. Sólo el tiempo dirá si habrá una tercera…

La maldición del central

Suena a tópico pero ser central de un equipo grande nunca fue fácil. Jesús Vallejo (Zaragoza 05/01/1997) no es una excepción. A comienzos de la década de los 90 se instaló en torno al Real Madrid una teoría que evolucionó hacia etiqueta: “La maldición del central”. El extraordinario nivel del equipo en la segunda mitad de los 80 y el gran rendimiento de Manolo Sanchís, posibilitó que fuese más fácil jugar a su lado. Tendillo, Salguero e incluso Camacho en el final de su carrera. Jugase quien jugase ahí, funcionaba. El Madrid era un reloj suizo en ataque. Encajar algún gol se veía como un mal necesario. La llegada de Ruggeri en el verano del 89 suscitó algunas dudas. Pero el conjunto merengue se desató. Fue en la campaña la 89-90 dónde conquistó la 5ª liga consecutiva. Además llenó el zurrón con 107 goles.

Tras el comienzo de la nueva década, el Bernabéu vio desfilar muchos centrales, unos de más nivel que otros. Casi ninguno se acopló del todo. Predrag Spasic, Ricardo Rocha, Rafa Alkorta ( tuvo años muy buenos) y varios más. Alguno cayó en desgracia, con otros se fue injusto, pocos sobrevivieron. Aquel debate caló hondo y casi se lleva por delante al mismo Manolo Sanchís. Había teorías para todos los gustos. Unos defendían que ninguno tenía el nivel necesario, otros que Sanchís ya no era el mismo. Como casi siempre en estos casos, nadie tenía razón o todos un poco. En el verano del 94, llegó Jorge Valdano al banquillo. Recuperó el mejor Sanchís posible junto a Fernando Hierro. El malagueño sólo había sido central en su primera temporada en el Madrid, cinco años antes. En aquel momento era un buen centrocampista con llegada y mucho gol. Desde entonces se convirtió en uno de los mejores centrales del mundo. Ángel Cappa, segundo de Valdano, mantiene que fue la mejor pareja de centrales que vio jamás. Hierro y Sanchís eran complementarios, extraordinarios cada uno en su rol.

Por encima de momentos concretos y casos particulares, cuando un equipo como el Real Madrid funciona, se mira con más benevolencia la línea defensiva. Hay centrales que destacan independientemente del nivel del equipo. Pepe fue clave durante muchos años y posibilitó ver un Madrid defendiendo a 40 metros de su portería. Por agresividad, capacidad para corregir al espacio y buen juego aéreo. La personalidad y facultades físicas del portugués le hicieron caer de pie. Modeló su carácter con los años. El resultado fue un central imponente durante una década, pocos lo pueden decir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin animo de comparaciones, porque son muy distintos, Jesús Vallejo pertenece a la estirpe de central que siempre gustó en el Bernabéu. De la concentración nace su entendimiento del juego. Valiente y con velocidad para ir al cruce a campo abierto. Este es un aspecto clave para poder jugar en un equipo que asume riesgos por naturaleza. La anticipación es otro recurso que maneja bien. Lo exhibió en Zaragoza y en algunos partidos en Alemania. De momento en Madrid es más prudente en esa suerte. En temporadas como la actual, con muchos problemas para replegar en conjunto, un central que necesite dormir arropado sería condenado de inmediato.

Anoche ante el Numancia, Vallejo y Nacho formaron la pareja de centrales. El equipo blanco encajó dos goles, pero ambos dejaron un puñado de acciones donde mostraron sus virtudes. Un gol llegó en una contra, magistralmente ejecutada por los numantinos. La defensa fue la víctima de un equipo que se parte en el retorno. Se resquebraja con la misma facilidad que un cuchillo penetra la mantequilla. El otro tanto llegó en un gran remate de cabeza. Guillermo Fernández, colosal su partido, castigó uno de los pocos puntos débiles de Nacho, el juego aéreo. Vallejo y Nacho tienen cualidades para jugar en el Real Madrid. Nacho lo ha demostrado ya con creces. Ojalá con Vallejo tengan la paciencia necesaria.

Dos temporada en Segunda en el Zaragoza y una en la Bundesliga, a muy buen nivel en el Eintracht. Esos son los avales de Jesús Vallejo para recalar en Chamartín. Es una temporada muy peligrosa en el Madrid para un recién llegado, aún más para un defensa. Carece de la madurez necesaria para imponerse al margen de la dinámica del equipo. Todavía anda falto de un punto de agresividad en su juego. Vallejo necesita ir paso a paso. Desprende futuro, tufillo del bueno, además. Sus declaraciones destilan humildad y responsabilidad. Tiene los pies en el suelo y sabe dónde está. En el Bernabéu gusta su perfil dentro y fuera del campo. Necesita tiempo y un técnico que le apoye. Si le respetan las lesiones, no hay dudas, el Madrid acertó de pleno con su fichaje.

 

De Zubi a Kepa…

Un centímetro menos que Zubi y muchas similitudes con aquel chico vitoriano que debutó en Primera el 19 de septiembre de 1981. Fue en el Vicente Calderón y con derrota. Un gol del central Miguel Ángel Ruiz y otro del punta Marcos, hijo de Marquitos y padre del lateral del Chelsea, Marcos Alonso, amargaron el debut de Andoni Zubizarreta Urreta. Expiraba el verano del 81, hace 37 años ya…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Heredero del gran Iríbar, Zubi llegó para quedarse. Dejó el Athletic a los 25 años dirección al Camp Nou con dos Ligas y una Copa en el zurrón. Se retiró en el Valencia, 17 temporadas después, con 626 partidos en Primera, repartidos entre Athletic, Barcelona y Valencia. Las cualidades futbolísticas del primer Zubi recuerdan a las del actual Kepa. Dominio del juego en todo el área, sobriedad en sus intervenciones y una autoridad sobre la defensa sorprendente a su edad. Son las características comunes en ambos en el mismo momento de sus carreras. Andoni evolucionó hacia un portero sobrio, poco dado al lucimiento, pero muy efectivo. Tenía problemas para desplazarse en lateral y en el juego con los pies, cuando ese aspecto no era prioridad en un portero. Su autoridad fue extraordinaria. Fue un referente en sus equipos y en la selección. Desde un perfil bajo labró una personalidad arrolladora dentro y fuera del campo.

En Kepa está por ver su evolución. Cumplió su periodo de rodaje en la Ponferradina y el Valladolid, tras formarse en el Baskonia y Bilbao Athletic. Lezama fue y es una escuela de cancerberos formidables. Conviene fijar la atención en Álex Remiro, portero del Huesca. Está cedido por el Athletic, con actuaciones destacadísimas ya esta temporada en Segunda. En sólo una campaña y lo que llevamos de la presente en el Athletic, Kepa ha cautivado al Real Madrid. Parece ser el elegido del club blanco para poner fin al debate existente en la portería. Justo desde que José Mourinho puso en duda a Iker Casillas, hace ahora exactamente cinco años.

No hay dudas sobre el futuro de Kepa, todo apunta que será magnífico. La incertidumbre surge sobre la idoneidad y el momento de su posible fichaje. El Athletic se siente herido y con razón por las formas (parece que ya pasó la revisión médica). El Madrid parece dividido entre la voluntad del club y el deseo de su entrenador de proteger la actual plantilla, en concreto a sus porteros. La portería del Madrid es una exposición permanente a la crítica. Sólo Paco Buyo e Iker Casillas se consolidaron de verdad en los últimos 30 años. Sobre el resto, dudas y desconfianza. Iker fue un caso extraordinario y distinto. Canterano del club, tuvo una evolución impresionante hasta convertirse en su día en el mejor portero del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kepa aún no ha disputado ningún partido de Champions y no es cuestión baladí. Es evidente que tiene que haber un primero y en el Athletic, hoy día, parece complicado. La portería del Bernabéu supone una presión tremenda para un chico de 23 años. Si finalmente ficha y pasa esa prueba, cuenta con todas las condiciones para triunfar. En el fútbol, como en la vida, no es conveniente adelantar ciertos plazos. Su llegada ahora no contaría con el beneplácito general. El Athletic recibiría un dinero que no tendría en junio, si Kepa no renueva, pero le duele el desarrollo del proceso. Y el Madrid parece dividido entre la voluntad del club y la de su propio técnico, uno los pocos que valora el buen nivel de Keylor Navas, clave en los últimos éxitos del club de Concha Espina. Courtois o De Gea serían opciones mucho más caras, con algo menos de recorrido, por edad, pero de garantía absoluta en el presente. El riesgo de una llegada inoportuna de Kepa podría ser malo para Athletic, Real Madrid y el propio jugador, el más perjudicado si las cosas se tuercen.

No parece un entorno ideal para la llegada de Kepa a Chamartín. Él no ha dicho una sola palabra, señal de cautela y prudencia. Son días decisivos en el futuro de un prometedor guardameta, ahora sufriendo por una inoportuna lesión. Una lucha de intereses en el equipo que le pretende, coloca al futbolista en una delicada posición. Esperaremos acontecimientos.

Aún existe el fútbol de siempre

El fútbol actual del máximo nivel tiene una exposición desorbitada. Aún mantiene la esencia de siempre pero hay que buscarla. Si buscas, la encuentras. En Cardiff se cita mañana parte de la vieja Europa. Juventus y Real Madrid. El Madrid es un río que lo desborda todo, a veces para bien, otras no tanto. Buscar la esencia en el Madrid cada vez es más difícil pero se puede, claro que se puede,  y la clave está en el fútbol, no hay que ir más lejos.

El Madrid en su esencia es algo muy distinto a lo que a veces se pregona dentro y fuera del club. Y tiene su afición fiel, leal y respetuosa con el contrario. No son pocos, pero como casi siempre en la vida hacen menos ruido que los otros. El fútbol ha cambiado más en los últimos 20 años que en los 133 primeros. El dinero lo manejan unos pocos y cada es más de los clubes ricos, pero el juego sigue teniendo sus propias reglas. El dinero ayuda a estar en las finales y a ganar campeonatos, cómo no, pero afortunadamente no lo garantiza, por eso sigue siendo el juego más bonito y especial del mundo.

El Real Madrid y valores suelen ir juntos muchas veces. El problema es que casi siempre en bocas demasiado interesadas. Sobra excitación, falta mesura. Para bien y para mal. Es una realidad que el Real Madrid actual es menos querido en España que antes para el que no es madridista. Eso debería obligar al club a mirar hacia dentro, lo más difícil en la vida, y analizar el por qué.  También se ha convertido en la excusa perfecta para los que, actuase como actuase, siempre aprovecharían para cargar más piedras en la mochila de los prejuicios. A favor y en contra se desbordan los argumentos, muchos de ellos irreales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Madrid alcanza su tercera final de Champions en cuatro años porque tiene una plantilla extraordinaria, la más completa que yo al menos le recuerdo. Con una base sólida de jugadores españoles, no todos titulares, pero todos importantes. Siempre fue así cuando el club tuvo éxitos en Europa. El fútbol sigue necesitando referentes, eso no ha cambiado, menos mal. El Madrid los tiene y por eso juega finales.

Sin un estilo de juego especialmente definido, pero con momentos de fútbol brillantes durante la temporada. Respetando la tradición propia de ser un equipo que no se rinde nunca y  siempre busca un gol más que el contrario, sin reducto para la especulación, y con un entrenador que se acerca mucho al perfil de los técnicos más exitosos de la historia del club. Zinedine Zidane tiene similitudes con Miguel Muñoz, Luis Molowny, Leo Bennhakker y Vicente del Bosque. Las tiene. Y se alejan de la maldad del “salgan y jueguen”. Cada club tiene su idiosincrasia y en la del Real Madrid los técnicos que mejor manejan la plantilla desde la naturalidad tienen mucho ganado.

Enfrente estará la Juve. Un gigante del fútbol mundial, que diez años después de manchar su nombre en la Serie B del fútbol italiano se ha puesto de pie. Y llega en el punto exacto de madurez en su nueva vida. Con una leyenda en la portería, un gigante que dignifica su profesión cada día en el máximo nivel a sus 39 años como es Gianluigi Buffon.

Es una final preciosa, fútbol en estado puro. ¡A disfrutar!

 

 

Una noche como esta de hace 23 años…

Sevilla, París y Buenos Aires latían apasionadamente una noche como esta de hace 23 años. España, Francia y Argentina se jugaban a cara o cruz su presencia en Mundial de Estados Unidos. Sevilla fue la sede oficial de los partidos de España durante más de diez años. Aquella noche del 17 de noviembre de 1993,  el Ramón Sánchez Pizjuán, la Bombonera de Nervión, rugía como siempre dispuesta llevar en volandas a la selección.

De la angustia al éxtasis 

España, de la mano de Javier Clemente, dependía de sí misma para estar en el Mundial americano, pero necesitaba ganar a la vigente campeona de Europa, Dinamarca, dirigida por Richard Möller-Nielsen. Fue un título contra todo pronóstico. Se produjo un año y medio antes, en la Eurocopa de Suecia en 1992, a la que Dinamarca acudió invitada por la descalificación de Yugoslavia tras el embargo de la OTAN, ya en los albores de una cruenta guerra civil.

No eran tiempos fáciles para el fútbol español. España no acudió a la Eurocopa en la que Dinamarca fue campeona. La fase de clasificación para el Mundial 94 significó la ruptura de la selección con la Quinta del Buitre. Clemente fue prescindiendo paulatinamente de Butragueño, Míchel y por último de Martín Vázquez. Con Sanchís nunca contó. Armó un bloque competitivo basado en un bloque muy físico, sin cabida en el once para futbolistas de talento puro. El sacrificio era innegociable y primordial.

Dinamarca fue campeona de Europa sin Michael Laudrup y por esas paradojas que sólo tiene el fútbol, al mejor jugador de la generación anterior, la suya y la siguiente, le estaba costando rendir como antaño en la selección. A los diez minutos, Zubizarreta derribó a Laudrup fuera del área y España se quedó con diez hombres. Andoni, con aquella pose tan suya: brazos abajo, mirada al cielo y dientes apretados; lamentó su desdicha. Su agonía en ese momento era el espejo de toda España.

La selección apretó los dientes y a Dinamarca se le aparecieron todos los fantasmas. Arkonada, Butragueño y Gordillo, sus verdugos en la Eurocopa 84, Mundial 86 y Eurocopa 88, estaban presentes en el subconsciente danés. Sobre la hierba se topó con la picardía de Jose Mari Bakero, un Fernando Hierro sublime y Santiago Cañizares tocado por una varita. Entró por Camarasa tras la expulsión de Zubizarreta y lo paró absolutamente todo.

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Bakero, que ganó dos ligas con la Real casi antes de salirle los dientes, sufriendo después la incomprensión nacional, con su famoso pase atrás en el Barcelona, cuando esa acción del juego no era volver a empezar y sí un retroceso en el ideario colectivo, fue un jugador absolutamente clave. A los 63 minutos se colocó estratégicamente debajo de Schmeichel a la salida de un córner. El portero danés tropezó con él en su salida  y Hierro se elevó por detrás, majestuosamente, para certificar de cabeza el pase de España al Mundial.

Bulgaria tomó París

A muchos kilómetros de distancia, en París, Francia entera soñaba con volver a un Campeonato del Mundo, tras estar ausente en el de Italia 90. El gol de Cantona a la media hora desató la euforia. Cuando nada hacía presagiar lo contrario, a Francia le temblaron las piernas. Kostadinov empató cerca del descanso. El empate también le servía a los galos. La ansiedad invadió el Parque de los Príncipes. Con Letchkov y Balakov a los mandos, Bulgaria comenzó a jugar cada vez mejor. En el descuento, David Ginola perdió un balón casi en la línea de fondo del área búlgara. Los de Dimitar Penev armaron una contra letal que concluyó con un golazo de Kostadinov, batiendo a Bernard Lama.

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Francia quedaba fuera del Mundial por segunda vez consecutiva. Ginola y Cantona nunca disputarían ya una Copa del Mundo y Papin perdió el último tren. Hubiera sido su segundo Mundial, tras el de México, pero con un rol de líder muy distinto. París lloró desconsoladamente la eliminación de Les Blues.

Maradona acudió a la cita

Unas horas más tarde, el Monumental de Buenos Aires se engalanó para recibir a Australia en la vuelta del repechaje entre la Conmebol y la Confederación OceánicaTras el cero a cinco de Colombia, dos meses antes el mismo Monumental, el ambiente era irrespirable. La tapa negra de El Gráfico, en la que sólo se leía la palabra VERGÜENZA, supuso un antes y un después. Alfio Basile, que sustituyó a Bilardo tras el Mundial del 90 conquistando las Copas América del 91 y del 93, recurrió a Maradona. Diego, que no jugaba con la selección desde la final del Mundial de Italia, acudió a la cita para liderar a la albiceleste en una eliminatoria sin vuelta atrás. En la ida, jugada en Sidney 15 días antes, Maradona depositó un balón en la cabeza de Balbo que supuso el empate a uno final.

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El Monumental de desgañitó con el ya mítico “vamo, vamoooo, Argentinaaaa, vamo, vamoooo, a ganaaaar…”. A los sesenta minutos, Gabriel Omar Batistuta resolvió un barullo dentro del área como sólo él sabía hacer. Ese gol catapultó a Argentina al Mundial. Sólo Dios sabe como hubiera terminado aquel torneo,  si Argentina no hubiera perdido a su capitán tras la victoria ante Nigeria en el segundo partido del grupo. Pero eso ya es otra historia…

Aquella noche de hace 23 años, tres ciudades maravillosas vivieron por y para el fútbol. Al final, dos sonrieron y otra lloró amargamente, en un día que figurará para siempre en la historia del deporte más bonito de mundo.

 

 

 

Messi, Maradona y el momento actual de Argentina

Leo Messi es el mejor jugador del mundo en la actualidad, no existe ninguna duda. En el Barcelona lleva más de una década asombrando al mundo. Últimamente ha mutado en un jugador aún más completo. Retrasando unos metros su posición arma juego con una facilidad asombrosa. Con la selección es distinto.

Hay mil factores que influyen. El primero es estrictamente futbolístico. El Barcelona lleva años jugando de la forma que más le puede beneficiar. Guardiola encontró el sistema perfecto para que él apareciese en la zona donde marcaba las diferencias. Fueron unos años en los que vivía su esplendor físico, además. El ecosistema fue ideal y el nivel de los jugadores que le rodeaban, excelso. Tras una época difícil, con la marcha de Guardiola, Leo tuvo altibajos durante dos temporadas consecutivas en un Barcelona convulso por muchos factores. Luis Enrique tardó unos meses en dar con la tecla. En el Barça actual, un equipo que va y viene, Messi sigue siendo igual de dañino para el rival. Aparece menos por el área contraria, pero es el activador de todo. Unos metros más atrás regala fútbol a cualquiera vestido de azulgrana que pase cerca.

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Argentina vive tiempos difíciles. La AFA dirime su futuro entre portazos y decisiones estrambóticas. La selección ha perdido tres finales consecutivas y eso duele. Ojo, para perderlas hay que llegar y dos se escaparon en los penaltis. Argentina estuvo muchos años sin jugar una final de un gran torneo, por lo tanto el momento más complicado de su historia nunca puede ser el actual, pese a que está en serio riesgo de faltar a un Campeonato del Mundo. Un Mundial sin Argentina no es un Mundial.

En lo estrictamente futbolístico, Argentina vive una época en la que tiene futbolistas de una calidad extraordinaria arriba. En mediocampo y en defensa no puede decir lo mismo. Messi no puede nunca cargar con la culpa de algo así. Sin él, Argentina ya no tendría ninguna posibilidad real de estar en el próximo Mundial, por difícil de asumir que resulte esta afirmación.

Cuando surge la comparación con Maradona en el contexto de la selección los extremos se radicalizan. Una vez entrevisté a Diego Latorre para el Magazine de Martí Perarnau. Su definición de lo que fue Maradona en un terreno de juego es brillante: “Maradona era una onda expansiva que llegaba a todo el equipo. Eso no se hereda, no se copia. Nació, creció, sobrevivió, forjó un carácter así. Tenía habilidad, pegada, visión rápida de juego, talento, velocidad corta, gol, coraje para jugar en todas las canchas, con un equipo debilitado, con un equipo peor, con uno mejor, con una idea, sin una idea, con compañeros mejores, con otros peores… no le hacía falta tener un Barça detrás, lo hacía con su Napoli, con la selección…”

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En esas tres líneas está perfectamente resumido lo que significó Maradona. Y eso jamás puede ir en el debe de Leo Messi, pero sí en el haber de Diego Armando Maradona. Bilardo le dio el brazalete en otoño del 82 y lideró la selección hasta julio del 94. Con altibajos, en momentos buenos y en otros horribles. Con idas y venidas, pero fue un liderazgo que asustaba e imponía. A compañeros y rivales, a todo el mundo.

Argentina no tiene un patrón de juego. Vive inmersa en debates internos, se cuestiona todo. Aún así ha jugado una final de un Mundial y dos finales de América en los últimos tres veranos, con dos entrenadores distintos. Eso no lo consigue cualquiera. Recordar que Maradona era capaz de sobreponerse a casi todo no es infravalorar a Leo Messi, ni mucho menos. Cuando Messi deje el fútbol, podremos decir que le vimos jugar con un rictus de admiración absoluta. Eso no está reñido con recordar que jamás hubo y probablemente habrá, un jugador con la capacidad de liderazgo tan brutal y por encima de cualquier contexto que tuvo Diego Armando Maradona sobre un terreno de juego.

El balón como enemigo

El tren de alta velocidad no para en Lille. Ayer lo pudimos observar con nitidez en el primer tiempo del partido entre Francia y Suiza. Moussa Sissoko y Paul Pogba, con metros por delante, son imparables.

El problema para Francia y muchas selecciones en esta Eurocopa, es cuando no pueden desplegarse en ataque. Si el rival les entrega la pelota y hay que generar juego se instala el colapso.

Cabaye como solución

Didier Deschamps detectó esa carencia en su selección en los dos primeros partidos. Ayer apostó de inicio por Yohan Cabaye. Es el más capacitado para mejorar el primer pase de todos los centrocampistas que tiene Francia en este torneo.

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Con Cabaye en la base de la jugada, Sissoko y Pogba tenían libertad para desengancharse una y otra vez. En los primeros minutos exhibieron su capacidad para devorar metros en transición. Pogba mostró su repertorio para disparar con ambas piernas. Esta temporada ha mejorado en su relación con el juego, pero sus principales virtudes siguen estando relacionadas más con el gol.

Con el paso de los minutos, Suiza se fue agrupando cada vez más y Francia, pese a la presencia de Cabaye, no supo generar grietas por las que filtrar algún balón. El mediocentro del Crystal Palace tuvo poca influencia en el juego.

Xhaka al mando

Granit Xhaka consiguió que a Suiza le durase más el balón con el paso de los minutos. No generó mucho peligro en ataque, pero sí consiguió detener las cabalgadas de los galgos franceses. La segunda parte demostró que ambas selecciones son más felices sin el esférico, ninguna supo desarmar a la otra cuando tuvo la posesión. Payet, un día más, pudo cambiar el sino del partido en el tramo final, pero esta vez no llegó el gol.

La solidez como arma

Francia terminó con un sistema 4-1-4-1 con Sissoko y Payet por fuera, Pogba y Matuidi por dentro. No son Giresse, Genghini, Tigana y Platini precisamente, aunque sí tienen más solidez que los del histórico Le Carré Magique.

La apuesta por la solidez y fiar todo en ataque a la velocidad de Griezmann y lo que pueda inventar Payet, parece clara. Francia tiene sus limitaciones, sin embargo ante rivales como España o Alemania puede ser mortal de necesidad.

Suiza era feliz con el empate que la clasificaba. Se marchó frustrado Shaqiri, al que el 105 x 70  se le hace cada vez más grande. Él juega en espacios muy reducidos, su juego torna intrascendente.

España y en menor medida Alemania y Portugal, resultados al margen, son las únicas selecciones que se pueden plantear dominar con la pelota. Los cruces serán auténticas batallas estratégicas con el balón como bulto sospechoso.

 

 

Polonia está de vuelta

Polonia está de vuelta. El fútbol polaco lleva muchos años lejos de la élite del fútbol europeo. A nivel de clubes sigue lejos pero la selección, dirigida Adam Nawalka, ya puede mirar a los ojos a cualquiera.

Anoche disputó un partido francamente bueno, desde el punto de vista táctico, ante Alemania. La historia nos recuerda que un Alemania-Polonia siempre es un partido especial y no defraudó, pese a la ausencia de goles.

Orden y jerarquía

Polonia se organiza bajo un sistema 4-4-2. Junta bien sus líneas cuando el rival es superior técnicamente, matiz importante. Alterna la presión arriba y el repliegue bajo. Tiene jugadores de jerarquía en todas sus líneas, de esos que cualquier selección necesita para ser competitivos de verdad.

Todos los futbolistas clave juegan en ligas importantes del fútbol europeo. Con el talento no basta. El talento si no se compite es una cualidad vacía.

Alemania tuvo el balón, en ciertas fases monopolizó la posesión, pero no pudo en ningún momento encontrar grietas en el poblado y aplicado sistema defensivo polaco. Kamil Glik fue un coloso. El central del Torino tiene más tentáculos que un pulpo. Los extiende por arriba, por abajo y hacia los lados. Fue un muro infranqueable. Siempre un contexto favorable, con muchos compañeros cerca y sin tener que correr nunca para atrás. Alemania estuvo muy incómoda.

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Por delante juega Grzegorz Krychowiak en el doble mediocentro, ayer junto a Krzysztof Maczynski. Es una hormiguita. Trabaja hasta la extenuación y sin tener un manejo de balón excelso, sí es suficiente para administrar con criterio la salida desde atrás. Su rol de líder le permite descolgarse en ataque.

Bandas con varios registros

Los costados son clave. Ante rivales inferiores, Polonia tiene capacidad para llegar permanentemente por fuera, con la incorporación habitual de sus laterales, especialmente de Lukasz Piszczek. Ante rivales que acumulan posesión, las bandas le sirven para estirarse. Polonia fue igualando el partido ayer cuando Kamil Grosicki estiró el tapete hasta la punta por el costado izquierdo. Kuba Blaszczykowski trabajó hasta la extenuación en la derecha y Grosicki atrajo rivales y aguantó el balón hasta la línea de fondo con facilidad y criterio. Hubo minutos en el tramo final para el joven Bartosz Kaputska, tras su gran actuación ante los norirlandeses.

Dupla de primer nivel

Arriba, Arek Milik, en un rol distinto al del Ajax, y Robert Lewandowski, son una amenaza permanente para el rival. Si Polonia domina, ambos pueden ser nueves de área para rematar cualquier tipo de balón. Milik se tira unos metros atrás y es capaz de generar mucha incertidumbre en la zona de tres cuartos. Si domina el contrario, como sucedió ayer en Saint-Denis, el rival no se puede confiar en ningún momento. Jerome Boateng estuvo excelso en la vigilancia.

Siempre hay un pasado

Las comparaciones son odiosas. Polonia sigue lejos de aquella selección que ganó un oro y una plata olímpica en el 72 y en el 76. La que sorprendió al mundo en el 74 y en menor medida en el 78. La misma que cerró una década gloriosa con el tercer puesto en el Mundial 82.

No tiene al portero Jan Tomaszewski ni al central Wladislaw Smuda. No hay un jugador tan determinante como el gran Grzegorz Lato, ni siquiera cuenta con un Zbigniew Boniek, al que vemos desde el palco sufrir y disfrutar en esta Eurocopa. Pero tiene un bloque compacto y organizado, dotado de jerarquía en posiciones clave y con un pie ya en los octavos de final.