Arconada, Luis, Gil, Futre… mi primera final de Copa

Barça y Sevilla disputan mañana la final de la Copa del Rey en Madrid. Me puse a pensar en la primera final de Copa que recuerdo. Es la de 1987. Se jugó en La Romareda y enfrentó al Atlético de Madrid y la Real Sociedad. Fue un caluroso 27 de junio, coincidiendo con la elecciones a la Presidencia del Atlético. El Atleti disputaba dos partidos, uno en las oficinas del Calderón por la mañana y otro en Zaragoza por la tarde. El de Madrid lo ganó Jesús Gil. Llegó con Paulo Futre, flamante campeón de Europa con el Oporto un mes antes, colgado del brazo. En Zaragoza ganó la Real. Fue una final preciosa, plagada de detalles y disputada a 36 º grados centígrados, pasadas ya las ocho de la tarde.

Así llegaron

Los rojiblancos llegaron tras una liga discreta. Fue la famosa temporada del Play-Off, en la que acabó 7º. Un curso muy difícil. Comenzó Vicente Miera en el banquillo, le sustituyó Martínez Jayo y acabó de regreso Luis Aragonés. En febrero falleció Vicente Calderón, dejando huérfano el palco del mejor Presidente de la historia del club. Un día después de la final, el Presi era Gil, la estrella Futre y el técnico, César Luis Menotti. Así, de un plumazo. Aquella final de Zaragoza supuso un antes y un después en la historia del Atleti.

La Real agotaba los últimos vestigios del equipo campeón de liga a comienzos de la década. Aguantaban, Arconada, Górriz y Zamora, de los titulares del once histórico. En la plantilla y ya con mucho más peso, Gajate, Larrañaga y José Mari Bakero. Era la primera Real de Toshack. Terminó la liga empatada a puntos con el Atleti. La final de Copa se presentó como la oportunidad de ambos para jugar en Europa el curso siguiente. Esperaba la Recopa.

La final fue un magnífico espectáculo. El pequeño diablo, Roberto López Ufarte, firmó un partido extraordinario. Fue su último encuentro con la Real, cuatro días después se convertiría en jugador de su rival esa noche. Menotti ya le quiso cuando entrenaba al Barça, como el propio Roberto contó esta semana en Fiebre Maldini. Finalmente se lo llevaría al Atleti.

Luis colocó a Landáburu, centrocampista de tronío con llegada y un disparo extraordinario, a marcar al hombre a López Ufarte. El extremo realista le volvió literalmente loco en la primera parte. Hubo un intercambio de golpes permanente. López Ufarte adelantó a la Real a los 9′ minutos, el Polilla da Silva empató a los 25′, Txiki Beguiristain devolvió la ventaja a la Real, cerca del descanso, y el extremo Atlético, Juanjo Rubio, puso de nuevo las tablas a un cuarto de hora del final.

Así jugaron

El partido tuvo muchos nombres propios. Toshack dispuso dos marcadores, Górriz y Gajate, y un hombre escoba, Dadie. El Atleti era mortal al contragolpe y Luis jugaba con dos nueves, Uralde, ex realista, y Da Silva. Dadie fue el encargado de salir al corte en todo momento. Por la derecha hizo un partidazo, Javi Sagarzazu. Siempre en el recuerdo, falleció un mes y medio después, siendo ya jugador del Depor, de forma prematura e inesperada. La Real dejó de ancla a Bakero arriba. José Mari buscaba sacar provecho a su magnífico juego aéreo, pese a medir  1,72 m. Enfrente, nada más y nada menos que Arteche y Ruiz. La Real buscaba siempre el juego por banda y la habilidad de sus extremos, para favorecer la llegada de los centrocampistas. Larrañaga y el veterano Jesús Mari Zamora, héroe del Molinón 6 años antes, siempre fueron jugadores con llegada y gol, sobre todo Zamora.

Luis Aragonés era un técnico distinto al que conocimos los últimos años en la selección. Su Atleti del 87 jugaba un 4-4-2 basado en el repliegue y un contragolpe sensacional. Mientras aguantó el físico, la Real proponía y el Atleti se estiraba. Un ida y vuelta precioso. El extremo calor fue haciendo mella y en los últimos minutos los jugadores estaban tiesos. Luis había metido a Julio Salinas por Marina, nada más comenzar la segunda parte. El uruguayo Da Silva retrasó su posición trabajando a destajo. En la prórroga, entró Quique Setién. Un fino estilista al que Luis había relegado al banquillo ya en la temporada anterior. Su suplencia en la final de la Recopa en Lyon ante el Dinamo de Kiev, un año antes, aún coleaba. En su vuelta al banquillo, Luis seguía viendo a Setién como un revulsivo para el tramo final de los partidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: realsociedad.eus

Un desenlace precioso

Se llegó a los penaltis. Ahí estaban Arconada y Abel, veteranía contra juventud. Luis Miguel Arconada había superado una grave lesión en la rodilla. La temporada 85-86 se la pasó en blanco. Su lesión ante el Celta, en la primera jornada, fue un palo muy gordo. Había desaparecido de la selección tras una derrota en Gales camino del Mundial de México, injustamente señalado por el fallo en la final de la Eurocopa del 84, además.  Su extraordinario nivel en esta campaña, tras su recuperación, y sobre todo en la siguiente, estuvo a punto de suponer su regreso con España. Finalmente, Miguel Muñoz mantuvo a Zubi y no llamó a Arconada para la Eurocopa del verano del 88, en Alemania. Muchas voces pedían su regreso.

“No pasa nada, tenemos a Arconada” gritaba la mitad de La Romareda realista. Arconada detuvo los lanzamientos de Da Silva y Quique Ramos y la Copa viajó a San Sebastián. Fue un broche de oro para él y Zamora, estandartes de la gran Real. Para el Atleti fue el fin de una era y el comienzo de unos años volcánicos. Pero esa es una historia que contaremos otro día. Ojalá mañana veamos una final la mitad de bonita y emotiva que aquella…

 

 

 

 

 

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