Messi, Maradona y el momento actual de Argentina

Leo Messi es el mejor jugador del mundo en la actualidad, no existe ninguna duda. En el Barcelona lleva más de una década asombrando al mundo. Últimamente ha mutado en un jugador aún más completo. Retrasando unos metros su posición arma juego con una facilidad asombrosa. Con la selección es distinto.

Hay mil factores que influyen. El primero es estrictamente futbolístico. El Barcelona lleva años jugando de la forma que más le puede beneficiar. Guardiola encontró el sistema perfecto para que él apareciese en la zona donde marcaba las diferencias. Fueron unos años en los que vivía su esplendor físico, además. El ecosistema fue ideal y el nivel de los jugadores que le rodeaban, excelso. Tras una época difícil, con la marcha de Guardiola, Leo tuvo altibajos durante dos temporadas consecutivas en un Barcelona convulso por muchos factores. Luis Enrique tardó unos meses en dar con la tecla. En el Barça actual, un equipo que va y viene, Messi sigue siendo igual de dañino para el rival. Aparece menos por el área contraria, pero es el activador de todo. Unos metros más atrás regala fútbol a cualquiera vestido de azulgrana que pase cerca.

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Argentina vive tiempos difíciles. La AFA dirime su futuro entre portazos y decisiones estrambóticas. La selección ha perdido tres finales consecutivas y eso duele. Ojo, para perderlas hay que llegar y dos se escaparon en los penaltis. Argentina estuvo muchos años sin jugar una final de un gran torneo, por lo tanto el momento más complicado de su historia nunca puede ser el actual, pese a que está en serio riesgo de faltar a un Campeonato del Mundo. Un Mundial sin Argentina no es un Mundial.

En lo estrictamente futbolístico, Argentina vive una época en la que tiene futbolistas de una calidad extraordinaria arriba. En mediocampo y en defensa no puede decir lo mismo. Messi no puede nunca cargar con la culpa de algo así. Sin él, Argentina ya no tendría ninguna posibilidad real de estar en el próximo Mundial, por difícil de asumir que resulte esta afirmación.

Cuando surge la comparación con Maradona en el contexto de la selección los extremos se radicalizan. Una vez entrevisté a Diego Latorre para el Magazine de Martí Perarnau. Su definición de lo que fue Maradona en un terreno de juego es brillante: “Maradona era una onda expansiva que llegaba a todo el equipo. Eso no se hereda, no se copia. Nació, creció, sobrevivió, forjó un carácter así. Tenía habilidad, pegada, visión rápida de juego, talento, velocidad corta, gol, coraje para jugar en todas las canchas, con un equipo debilitado, con un equipo peor, con uno mejor, con una idea, sin una idea, con compañeros mejores, con otros peores… no le hacía falta tener un Barça detrás, lo hacía con su Napoli, con la selección…”

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En esas tres líneas está perfectamente resumido lo que significó Maradona. Y eso jamás puede ir en el debe de Leo Messi, pero sí en el haber de Diego Armando Maradona. Bilardo le dio el brazalete en otoño del 82 y lideró la selección hasta julio del 94. Con altibajos, en momentos buenos y en otros horribles. Con idas y venidas, pero fue un liderazgo que asustaba e imponía. A compañeros y rivales, a todo el mundo.

Argentina no tiene un patrón de juego. Vive inmersa en debates internos, se cuestiona todo. Aún así ha jugado una final de un Mundial y dos finales de América en los últimos tres veranos, con dos entrenadores distintos. Eso no lo consigue cualquiera. Recordar que Maradona era capaz de sobreponerse a casi todo no es infravalorar a Leo Messi, ni mucho menos. Cuando Messi deje el fútbol, podremos decir que le vimos jugar con un rictus de admiración absoluta. Eso no está reñido con recordar que jamás hubo y probablemente habrá, un jugador con la capacidad de liderazgo tan brutal y por encima de cualquier contexto que tuvo Diego Armando Maradona sobre un terreno de juego.

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