Polonia está de vuelta

Polonia está de vuelta. El fútbol polaco lleva muchos años lejos de la élite del fútbol europeo. A nivel de clubes sigue lejos pero la selección, dirigida Adam Nawalka, ya puede mirar a los ojos a cualquiera.

Anoche disputó un partido francamente bueno, desde el punto de vista táctico, ante Alemania. La historia nos recuerda que un Alemania-Polonia siempre es un partido especial y no defraudó, pese a la ausencia de goles.

Orden y jerarquía

Polonia se organiza bajo un sistema 4-4-2. Junta bien sus líneas cuando el rival es superior técnicamente, matiz importante. Alterna la presión arriba y el repliegue bajo. Tiene jugadores de jerarquía en todas sus líneas, de esos que cualquier selección necesita para ser competitivos de verdad.

Todos los futbolistas clave juegan en ligas importantes del fútbol europeo. Con el talento no basta. El talento si no se compite es una cualidad vacía.

Alemania tuvo el balón, en ciertas fases monopolizó la posesión, pero no pudo en ningún momento encontrar grietas en el poblado y aplicado sistema defensivo polaco. Kamil Glik fue un coloso. El central del Torino tiene más tentáculos que un pulpo. Los extiende por arriba, por abajo y hacia los lados. Fue un muro infranqueable. Siempre un contexto favorable, con muchos compañeros cerca y sin tener que correr nunca para atrás. Alemania estuvo muy incómoda.

alemania

 

 

 

 

 

 

Por delante juega Grzegorz Krychowiak en el doble mediocentro, ayer junto a Krzysztof Maczynski. Es una hormiguita. Trabaja hasta la extenuación y sin tener un manejo de balón excelso, sí es suficiente para administrar con criterio la salida desde atrás. Su rol de líder le permite descolgarse en ataque.

Bandas con varios registros

Los costados son clave. Ante rivales inferiores, Polonia tiene capacidad para llegar permanentemente por fuera, con la incorporación habitual de sus laterales, especialmente de Lukasz Piszczek. Ante rivales que acumulan posesión, las bandas le sirven para estirarse. Polonia fue igualando el partido ayer cuando Kamil Grosicki estiró el tapete hasta la punta por el costado izquierdo. Kuba Blaszczykowski trabajó hasta la extenuación en la derecha y Grosicki atrajo rivales y aguantó el balón hasta la línea de fondo con facilidad y criterio. Hubo minutos en el tramo final para el joven Bartosz Kaputska, tras su gran actuación ante los norirlandeses.

Dupla de primer nivel

Arriba, Arek Milik, en un rol distinto al del Ajax, y Robert Lewandowski, son una amenaza permanente para el rival. Si Polonia domina, ambos pueden ser nueves de área para rematar cualquier tipo de balón. Milik se tira unos metros atrás y es capaz de generar mucha incertidumbre en la zona de tres cuartos. Si domina el contrario, como sucedió ayer en Saint-Denis, el rival no se puede confiar en ningún momento. Jerome Boateng estuvo excelso en la vigilancia.

Siempre hay un pasado

Las comparaciones son odiosas. Polonia sigue lejos de aquella selección que ganó un oro y una plata olímpica en el 72 y en el 76. La que sorprendió al mundo en el 74 y en menor medida en el 78. La misma que cerró una década gloriosa con el tercer puesto en el Mundial 82.

No tiene al portero Jan Tomaszewski ni al central Wladislaw Smuda. No hay un jugador tan determinante como el gran Grzegorz Lato, ni siquiera cuenta con un Zbigniew Boniek, al que vemos desde el palco sufrir y disfrutar en esta Eurocopa. Pero tiene un bloque compacto y organizado, dotado de jerarquía en posiciones clave y con un pie ya en los octavos de final.

 

 

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