La importancia de “mezclar” bien

Saltó Argentina a la hierba del Levi’s Stadium de Santa Clara con un sistema 4-2-3-1 en el que el doble pivote estaba formado por Javier Mascherano y Augusto Fernández. Por detrás: Nico Otamendi y Ramiro Funes Mori, por delante y bastante lejos: Ever Banega.

Los sistema son números, lo verdaderamente importante es que como mezclen entre sí los jugadores que forman dicho sistema. Argentina no tenía forma humana en el primer acto de llevar el balón en condiciones hasta la zona de tres cuartos. Los jugadores que ocupaban la zona central de la defensa y el mediocampo no tienen entre sus virtudes, tienen otras, darle fluidez al balón en el inicio del juego.

Enfrente estaba Chile. Sólo ha pasado un año desde que se marchó Sampaoli y muchos de los jugadores son los mismos, pero la selección es distinta. El primer acto chileno fue magnífico en la parte del juego que consiste en anular a tu rival, además convirtió las recuperaciones en transiciones muy peligrosas porque arriba Chile es vértigo.

Con Marcelo Díaz al frente de las operaciones, la Roja fue un equipo ordenado que maniató y castigó las deficiencias para salir jugando de la albiceleste. Chiquito Romero acudió al rescate de los suyos.

En la segunda parte, Ever Banega retrasó unos metros su posición, del 4-2-3-1 se pasó un 4-3-3 en el que Ever aparecía más en la gestación. El uno a cero nace de un falló de Arangüiz, con una pérdida de balón gravísima, pero el movimiento táctico de Martino de retrasar a Banega estaba comenzando a dar sus frutos.

Mascherano significa jerarquía, entrega, oficio y conocimiento del juego, pero no es un “5” armador de fútbol. Augusto, a su lado, está desnaturalizado como diría el gran Diego Latorre. Tanto Mascherano como Augusto serían los complementos perfectos para un “5” con más capacidad de mover un equipo en torno al balón.

Con Banega más atrás y Argentina ganando uno a cero, el escenario se presentaba ideal para que Di María jugase al pilla-pilla con espacios. Ahí el Fideo es un escándalo. Banega y Di María fueron de la mano a cazar a todos los demás.

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¿Y Chile? Se lesionó Mena y Pizzi metió a Orellana. El cambio era muy ofensivo, la intención de presionar y morder arriba seguía existiendo. Fue un equipo de ida y vuelta. Por el rival que tenía enfrente y el marcador del momento, Argentina fue un durísimo oponente en ese contexto.

Chile, a diferencia de Argentina, sí tuvo buena salida inicial con Marcelo Díaz, lo que le faltó fue pausa unos metros más adelante. En la selección chilena de Sampaoli, el Mago Valdivia era el encargado de pisar el embrague y reducir las aceleraciones del resto de compañeros en el momento justo. Tenía la pausa de los elegidos.

Chile tiene orden, capacidad para ir y venir y una resistencia a la derrota a prueba de bombas, pero le falta un jugador capaz de ordenar todas esas virtudes en el momento justo.

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