Una tarde de domingo en el Monumental

Viendo la vuelta de la final entre River y Tigres no pude evitar recordar el 7 de septiembre de 2014, la primera vez que pise el Monumental de Buenos Aires. Desde que tengo recuerdos futboleros me impresiona ese estadio. Es imposible olvidar la lluvia de papelitos que caía del cielo instantes antes de comenzar la final del Mundial 78.

Final Mundial 78

 

 

 

 

 

Cuando vi aquel partido, años después de que se jugase y por televisión, claro, supe que algún día quería estar allí.

No vi la final de un Mundial ni una de Copa Libertadores, pero os puedo asegurar que la mística del estadio la sentí de una forma muy especial. Fue un River-Tigre, en los prometedores inicios del Muñeco Gallardo en el banquillo del millonario.

De camino al estadio, buceando por el barrio de Núñez, los hinchas de River ya hablaban del buen hacer de Matías Kranevitter y de cómo Gallardo había recuperado la figura del enganche en la persona de Leonardo Pisculichi, un zurdo, ya veterano, que había comenzado el campeonato ofreciendo fútbol de altos vuelos en la mediapunta, algo irregular, eso sí.

Monumental

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parecía muy lejano en el ambiente el infierno de la B, se percibía ilusión en cada esquina. El hincha le agradecía sus servicios al Pelado Díaz, mito del club, primero como jugador y después como técnico, y que venía de hacer campeón al equipo en el Clausura 2014, pero les fascinaba más la puesta en escena del Muñeco.

El Monumental está viejito, prima el cemento y se puede observar más de una grieta, pero es un campo de fútbol con MAYÚSCULAS, incluso si no conociese la historia del club, selección y estadio, también hubiera percibido algo distinto, se respira fútbol.

Aquella tarde soleada de finales del invierno argentino de 2014, River le ganó 2-0 a Tigre con una exhibición de Kranevitter jugando como único mediocentro, de Vangioni y Rojas asociándose en el costado izquierdo, del Negro Carlos Sánchez devorando el derecho y de Pisculichi buscando a Mora por dentro. River adelantó sus líneas, mandó siempre en el partido y tocó hasta la extenuación para doblegar al también conjunto bonaerense de Tigre. Ese partido define el River de Gallardo en su primer semestre. Cedió en la pugna ante Racing en el tramo final del torneo local pero se impuso en la Copa Sudamericana, una excelente carta de presentación para lo que vendría después.

Por cuestiones y avatares del calendario y el mercado se produjeron algunas bajas importantes tras el Mundial (Ariel Rojas y Teo Gutiérrez principalmente) de cara al nuevo torneo local y la fase final de la Libertadores. A su vez llegaron otros (Cavenaghi que volvió tras su lesión, Alario, héroe inesperado con goles en semifinales y final, Pity Martínez, Bertolo, titular en la vuelta en la final, y los veteranos Lucho González y Saviola entre otros …).

No sólo hubo un cambio en algunos nombres, si no uno muy significativo en el estilo del equipo. Gallardo priorizó la solidez, pasó del 4-3-1-2 con enganche y dos interiores a un 4-4-2 más convencional, cambiaron algunos matices. Se puso a jugar con dos mediocentros (Kranevitter y el veterano Leo Ponzio), sacrificó la figura del enganche y cedió la iniciativa y la pelota al rival en varios tramos de los partidos grandes, para jugar más a la contra explotando los costados, con un extremo de trabajo y llegada más abierto, Carlos Sánchez, y otro jugador más creativo en el costado izquierdo para ir hacia dentro como Pity Martínez. Lo que no cambió fue el ADN del equipo. River siguió siendo un conjunto sólido, intenso, aplicado y de pierna fuerte, intratable a balón parado y con mucha pegada.

La vuelta de la final explica las virtudes de River en los últimos meses. Golpeó justo antes del descanso en una incursión por el carril izquierdo de Vangioni, que puso un centro milimétrico en la cabeza a Alario. Atrás quedaban cuarenta y cuatro minutos intensos en los que River tuvo problemas para llevar la pelota arriba, pero en los que mantuvo por momentos una buena presión alta. Cedió el balón, pero no el control del partido.

En la segunda mitad y tras el dos a cero de penalti, transformado por el Negro Sánchez, Tigres se hundió definitivamente. En el grito del uruguayo festejando el gol se concentró toda la rabia acumulada en cuatro años. Él vivió la B y en ese momento se sentía campeón de América. Todo concentrado en sólo cuatro años. La sentencia definitiva llegó a balón parado con un tanto de Funes Mori, que cabeceó a la red un servicio medido de Pisculichi desde la esquina.

Final Lib

 

 

 

 

 

 

Durante todo el torneo River se sostuvo en el eje Barovero-Maidana-Kranevitter-Ponzio-Mora (ausente en la vuelta de la final) y ha terminado conquistando por tercera vez en su historia la Copa Libertadores, cuatro años después de vivir un infierno en la B, 19 años después de la última vez…

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