El orgullo verde de una ciudad

He escrito para www.retrofootball.com sobre el gran Saint – Etienne de mediados de los 60 a mediados de los 70.

EL ORGULLO VERDE DE UNA CIUDAD

Saint Etienne, la capital de Loira, vivió días de vino y rosas durante prácticamente una década, la que va desde mediados de los sesenta a mediados de los setenta. Los verdes fueron un equipo que enamoró a Francia y poco a poco al resto de Europa a medida que iban asomando por el continente.

Una ciudad que a menudo ha sido poco reconocida y considerada en la propia Francia, tuvo en su equipo de fútbol un motivo de orgullo permanente hace ya cuatro, camino de cinco, décadas. Ahora que su gran rival y protagonista junto al Saint-Etienne del Derby del Ródano, el Olympique de Lyon, ha sido el gran equipo francés de la primera década del nuevo siglo conquistando siete ligas consecutivas, es bonito recordar que los verdes pueden lucir la estrella que le acredita como campeón de liga diez veces.

De hecho, durante aquellos años mágicos se gestó la leyenda del Stade Geoffroy-Guichard, un estadio dónde se vive el fútbol con una pasión absoluta, que por otra parte se mantiene en la actualidad, de nuevo con el equipo en la máxima categoría del fútbol galo.

La historia obliga a hacer justicia con Roger Rocher, histórico Presidente del club. Su triste final, dejando la presidencia en 1982 y dando con sus huesos en prisión por impagos a los jugadores, no puede borrar que bajo su mandato el equipo vivió el momento de mayor esplendor de su historia.

Fue Presidente durante la friolera de 20 años, de 1961 a 1981, y bajo su mandato el equipo consiguió nueve de las diez ligas que posee, seis Copas de Francia y disputó aquella inolvidable final de la Copa de Europa en Hampden Park, en la que cayó por la mínima ante el Bayern de Munich en 1976.

Aquel equipo fue uno de los gérmenes de la selección francesa, que años después y cuando la llama verde se apagaba y se convertía en ceniza a primeros de los ochenta, asombraría al globo en el Mundial celebrado en España en 1982, alcanzando las semifinales cayendo ante la República Federal de Alemania en la tanda de penaltis, en uno de los partidos más recordados de la historia de los mundiales.

Battiston, Platini y Larios (los tres ya en la época final del gran Saint-Etienne, pero miembros del equipo que conquistó la liga del 81), así como Janvion, Christian López y Rocheteau, protagonistas del gran equipo de mediados de setenta, estuvieron en la lista de Michel Hidalgo para el Mundial de España y fueron de uno u otro modo, jugadores importantes de aquella selección. Tras el Mundial, otro de los centrocampistas mágicos de la gran Francia, Genghini, desembarcó en el Saint – Etienne.

El 12 de mayo de 1976 es el día marcado en rojo de aquel equipo y aquella generación de futbolistas. El escenario era incomparable, Hampden Park en Glasgow, el rival de pedigrí, el último ganador de la Copa de Europa de las dos últimas temporadas, el Bayern de Munich, y en juego el máximo galardón continental a nivel de clubes. Os dejamos un video con la previa de la TF1 francesa aquel 12 de mayo, excepcional documento del look setentero:

Aquel conjunto que realizaba un futbol de toque y control portentoso se iba a enfrentar a la contundencia personificada, a la máquina arrolladora que era el Bayern de Munich. Un equipo menos romántico que aquel Saint – Ettiene, capaz de aplastar a cualquiera en un buen día.

La tenacidad germana puesta de manifiesto por la selección de Alemania Federal en el Mundial del 74, dos años antes, se terminó imponiendo al fútbol que desplegaron los verdes en Glasgow, enviando dos balones al larguero durante el primer acto. Larque y Piazza se fueron adueñando del mediocampo con una personalidad arrolladora, un juego armónico de toque corto que fue desarbolando al Bayern.

Jean-Michel Larque, al que la selección del 82 ya le llegaba tarde (por aquel entonces tenía 35 años), fue un centrocampista maravilloso, capitán del equipo y auténtico líder en el terreno de juego.
Con Larque al mando, el Bayern sufría y se agarraba como podía al partido. Dominique Bathenay, otro de los grandes medios de aquel equipo, enviaba las ilusiones de toda la ciudad del Ródano al larguero. En la cabeza de Hervé Revelli estuvo otra ocasión clarísima y de nuevo el larguero salvaba a un atónito Seep Maier.

Bayern-Saint Etienne. Hampden Park, mayo 1976

El gol al comienzo de la segunda parte pegándole mordido al balón de Roth, fue un mazazo del que ya no se recuperaron los galos. Herbin, técnico del Saint – Etienne, dio entrada al extremo Dominique Rocheteau, estrella de aquel equipo que llegó mermado físicamente a la final y sólo pudo disputar 27 minutos, pero ya no podría darle la vuelta al marcador.

Curkovic; Repellini, Piazza, Christian López, Janvion; Bathenay, Santini, Larque, Patrick Revelli, Hervé Revelli y Sarramagna, con la posterior inclusión de Rocheteau, estuvieron a punto de coronarse en Europa y hubiera sido totalmente merecido. El Bayern ganó sus tres finales de Copa de Europa con un punto de suerte excepcional… la suerte de los campeones. Los hinchas del Atlético de Madrid, Leeds United y Saint-Etienne todavía lo recuerdan porque sus equipos perdieron el tren del título más prestigioso a nivel de Clubes en Europa.

Bayern-Saint Etienne. Hampden Park 1976

En la temporada siguiente llegaría la despedida de aquel enorme equipo a nivel europeo y fue nada más y nada menos que ante otro gigante, el Liverpool, que aquella temporada 76-77 comenzaría un reinado europeo durante los siguientes tres años.

Se enfrentaron en cuartos de final de la Copa de Europa, venciendo los verdes en el Geoffroy-Guichard por uno a cero con el gol de Bathenay, cayendo en la vuelta en Anfield por tres goles a uno en un partido que Rober Herbin planteó de una forma valiente, sin Piazza, baja capital, y con un Bathenay con galones, marcando desde fuera del área y clasificando durante muchos minutos a su equipo para semifinales. El partido lo tuvieron que desatascar Alan Kennedy, con un gol, y Fairclough, delantero de goles oportunos, con otro.

Europa lloró la eliminación de un equipo que había sido el orgullo de su ciudad paseando su fútbol por el continente durante dos temporadas difíciles de olvidar. La selección le homenajearía en parte en 1982, pero aquel equipo se merecía haber redondeado su hegemonía en Francia con un gran título europeo. El mítico grito de “allez les verts” languideció a nivel continental…

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