Fichajes de ayer y de hoy…
Menudo veranito nos espera. El Real Madrid va a mover el mercado. Ese dinero hará que el resto de clubes fichen y vendan. Creo que va a ser el verano más movidito de los últimos años.
De aquí al 31 de agosto, entre rumores y realidades, nos vamos a divertir todos los días.
Fichar un gran jugador en nuestros días es árduo y complicado.
Depende del acuerdo entre clubes, de lo que pidan los jugadores, de los representantes…
Luego hay que “pintar la operación”. Justificarla de manera que ningún club, ni el jugador en cuestión, queden en evidencia.
El club que lo vende dice que el jugador deseaba irse. Además añade que la oferta era irrechazable.
El jugador vendido dice que él estaba a gusto en su club. Pero si el acuerdo entre ambas partes, es bueno para ambos clubes, pues nada que objetar.
El comprador dice que es el mejor fichaje de los últimos años y gracias a él, darán un salto de calidad.
Por último, si la marca deportiva que patrocina al jugador, es la misma que la de su nuevo club, pues mejor que mejor.
El ejemplo de todo esto es el fichaje de Kaká por el Real Madrid.
A lo que he dicho, añadir los nombres de Florentino, Galliani, Adidas y el propio jugador. A ver que os sale.
Antiguamente era mucho más divertido. Recuerdo cuando D. Ramón Mendoza (q.e.p.d), firmó a Schuster en el aeropuerto de París, siendo este jugador del Barça.
Otro hito fue sacar a Robert Prosinecki de la ex-Yugoslavia. Le disfrazó con una gabardina para que pudiera coger un avión y fichar por el Real Madrid.
En 1991, los jugadores de los equipos del este no podían jugar en ligas extranjeras. Sus propias federaciones lo prohibían.
Allá por 1985, D. Vicente Calderón (q.e.p.d), vendió a Hugo Sánchez a un conjunto mexicano. Este traspaso sirvió de puente para venderlo posteriormente al Real Madrid.
De no hacerlo así, no hubiera podido justificar ante su afición un traspaso directo, de su máxima estrella, al eterno rival.
Don Vicente le dijo a Don Ramón Mendoza respecto al mexicano: “Si te lo vendo me tiran al río”
Por mucho que la oferta fuera irrechazable (220 millones de pesetas de la época), no lo iban a entender.
En junio de 1987, el irrepetible D. Jesus Gil y Gil (q.e.p.d) apareció, de la mano de un jovencísimo Paulo Futre, en los vestuarios de la Romareda, pocos minutos antes de la final de Copa de ese año. Se enfrentaban Real Sociedad y Atlético de Madrid.
Faltaban pocos días para las elecciones atléticas y Don Jesús fue a Zaragoza para presentar, a los cuatro vientos, su “reclamo” electoral.
Gil pensaba que con el fichaje de Futre, flamante campeón de Europa ese año con el Oporto, no se le escaparían las elecciones.
Ni le importaba la plantilla que tenía el Atlético en aquel momento, ni la final que iba a jugar el equipo pocos minutos después.
Luis Aragonés, entrenador de los rojiblancos en aquella temporada 1986-87 y poco amigo de esas cosas, le sentó a “cuerno quemado” la presencia de Gil y Futre en el vestuario.
Le hizo saber al candidato Gil que antes de una final no era momento de presentaciones “y tal”…
Se lió parda…




