Una noche como esta de hace 23 años…

Sevilla, París y Buenos Aires latían apasionadamente una noche como esta de hace 23 años. España, Francia y Argentina se jugaban a cara o cruz su presencia en Mundial de Estados Unidos. Sevilla fue la sede oficial de los partidos de España durante más de diez años. Aquella noche del 17 de noviembre de 1993,  el Ramón Sánchez Pizjuán, la Bombonera de Nervión, rugía como siempre dispuesta llevar en volandas a la selección.

De la angustia al éxtasis 

España, de la mano de Javier Clemente, dependía de sí misma para estar en el Mundial americano, pero necesitaba ganar a la vigente campeona de Europa, Dinamarca, dirigida por Richard Möller-Nielsen. Fue un título contra todo pronóstico. Se produjo un año y medio antes, en la Eurocopa de Suecia en 1992, a la que Dinamarca acudió invitada por la descalificación de Yugoslavia tras el embargo de la OTAN, ya en los albores de una cruenta guerra civil.

No eran tiempos fáciles para el fútbol español. España no acudió a la Eurocopa en la que Dinamarca fue campeona. La fase de clasificación para el Mundial 94 significó la ruptura de la selección con la Quinta del Buitre. Clemente fue prescindiendo paulatinamente de Butragueño, Míchel y por último de Martín Vázquez. Con Sanchís nunca contó. Armó un bloque competitivo basado en un bloque muy físico, sin cabida en el once para futbolistas de talento puro. El sacrificio era innegociable y primordial.

Dinamarca fue campeona de Europa sin Michael Laudrup y por esas paradojas que sólo tiene el fútbol, al mejor jugador de la generación anterior, la suya y la siguiente, le estaba costando rendir como antaño en la selección. A los diez minutos, Zubizarreta derribó a Laudrup fuera del área y España se quedó con diez hombres. Andoni, con aquella pose tan suya: brazos abajo, mirada al cielo y dientes apretados; lamentó su desdicha. Su agonía en ese momento era el espejo de toda España.

La selección apretó los dientes y a Dinamarca se le aparecieron todos los fantasmas. Arkonada, Butragueño y Gordillo, sus verdugos en la Eurocopa 84, Mundial 86 y Eurocopa 88, estaban presentes en el subconsciente danés. Sobre la hierba se topó con la picardía de Jose Mari Bakero, un Fernando Hierro sublime y Santiago Cañizares tocado por una varita. Entró por Camarasa tras la expulsión de Zubizarreta y lo paró absolutamente todo.

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Bakero, que ganó dos ligas con la Real casi antes de salirle los dientes, sufriendo después la incomprensión nacional, con su famoso pase atrás en el Barcelona, cuando esa acción del juego no era volver a empezar y sí un retroceso en el ideario colectivo, fue un jugador absolutamente clave. A los 63 minutos se colocó estratégicamente debajo de Schmeichel a la salida de un córner. El portero danés tropezó con él en su salida  y Hierro se elevó por detrás, majestuosamente, para certificar de cabeza el pase de España al Mundial.

Bulgaria tomó París

A muchos kilómetros de distancia, en París, Francia entera soñaba con volver a un Campeonato del Mundo, tras estar ausente en el de Italia 90. El gol de Cantona a la media hora desató la euforia. Cuando nada hacía presagiar lo contrario, a Francia le temblaron las piernas. Kostadinov empató cerca del descanso. El empate también le servía a los galos. La ansiedad invadió el Parque de los Príncipes. Con Letchkov y Balakov a los mandos, Bulgaria comenzó a jugar cada vez mejor. En el descuento, David Ginola perdió un balón casi en la línea de fondo del área búlgara. Los de Dimitar Penev armaron una contra letal que concluyó con un golazo de Kostadinov, batiendo a Bernard Lama.

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Francia quedaba fuera del Mundial por segunda vez consecutiva. Ginola y Cantona nunca disputarían ya una Copa del Mundo y Papin perdió el último tren. Hubiera sido su segundo Mundial, tras el de México, pero con un rol de líder muy distinto. París lloró desconsoladamente la eliminación de Les Blues.

Maradona acudió a la cita

Unas horas más tarde, el Monumental de Buenos Aires se engalanó para recibir a Australia en la vuelta del repechaje entre la Conmebol y la Confederación OceánicaTras el cero a cinco de Colombia, dos meses antes el mismo Monumental, el ambiente era irrespirable. La tapa negra de El Gráfico, en la que sólo se leía la palabra VERGÜENZA, supuso un antes y un después. Alfio Basile, que sustituyó a Bilardo tras el Mundial del 90 conquistando las Copas América del 91 y del 93, recurrió a Maradona. Diego, que no jugaba con la selección desde la final del Mundial de Italia, acudió a la cita para liderar a la albiceleste en una eliminatoria sin vuelta atrás. En la ida, jugada en Sidney 15 días antes, Maradona depositó un balón en la cabeza de Balbo que supuso el empate a uno final.

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El Monumental de desgañitó con el ya mítico “vamo, vamoooo, Argentinaaaa, vamo, vamoooo, a ganaaaar…”. A los sesenta minutos, Gabriel Omar Batistuta resolvió un barullo dentro del área como sólo él sabía hacer. Ese gol catapultó a Argentina al Mundial. Sólo Dios sabe como hubiera terminado aquel torneo,  si Argentina no hubiera perdido a su capitán tras la victoria ante Nigeria en el segundo partido del grupo. Pero eso ya es otra historia…

Aquella noche de hace 23 años, tres ciudades maravillosas vivieron por y para el fútbol. Al final, dos sonrieron y otra lloró amargamente, en un día que figurará para siempre en la historia del deporte más bonito de mundo.

 

 

 

Messi, Maradona y el momento actual de Argentina

Leo Messi es el mejor jugador del mundo en la actualidad, no existe ninguna duda. En el Barcelona lleva más de una década asombrando al mundo. Últimamente ha mutado en un jugador aún más completo. Retrasando unos metros su posición arma juego con una facilidad asombrosa. Con la selección es distinto.

Hay mil factores que influyen. El primero es estrictamente futbolístico. El Barcelona lleva años jugando de la forma que más le puede beneficiar. Guardiola encontró el sistema perfecto para que él apareciese en la zona donde marcaba las diferencias. Fueron unos años en los que vivía su esplendor físico, además. El ecosistema fue ideal y el nivel de los jugadores que le rodeaban, excelso. Tras una época difícil, con la marcha de Guardiola, Leo tuvo altibajos durante dos temporadas consecutivas en un Barcelona convulso por muchos factores. Luis Enrique tardó unos meses en dar con la tecla. En el Barça actual, un equipo que va y viene, Messi sigue siendo igual de dañino para el rival. Aparece menos por el área contraria, pero es el activador de todo. Unos metros más atrás regala fútbol a cualquiera vestido de azulgrana que pase cerca.

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Argentina vive tiempos difíciles. La AFA dirime su futuro entre portazos y decisiones estrambóticas. La selección ha perdido tres finales consecutivas y eso duele. Ojo, para perderlas hay que llegar y dos se escaparon en los penaltis. Argentina estuvo muchos años sin jugar una final de un gran torneo, por lo tanto el momento más complicado de su historia nunca puede ser el actual, pese a que está en serio riesgo de faltar a un Campeonato del Mundo. Un Mundial sin Argentina no es un Mundial.

En lo estrictamente futbolístico, Argentina vive una época en la que tiene futbolistas de una calidad extraordinaria arriba. En mediocampo y en defensa no puede decir lo mismo. Messi no puede nunca cargar con la culpa de algo así. Sin él, Argentina ya no tendría ninguna posibilidad real de estar en el próximo Mundial, por difícil de asumir que resulte esta afirmación.

Cuando surge la comparación con Maradona en el contexto de la selección los extremos se radicalizan. Una vez entrevisté a Diego Latorre para el Magazine de Martí Perarnau. Su definición de lo que fue Maradona en un terreno de juego es brillante: “Maradona era una onda expansiva que llegaba a todo el equipo. Eso no se hereda, no se copia. Nació, creció, sobrevivió, forjó un carácter así. Tenía habilidad, pegada, visión rápida de juego, talento, velocidad corta, gol, coraje para jugar en todas las canchas, con un equipo debilitado, con un equipo peor, con uno mejor, con una idea, sin una idea, con compañeros mejores, con otros peores… no le hacía falta tener un Barça detrás, lo hacía con su Napoli, con la selección…”

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En esas tres líneas está perfectamente resumido lo que significó Maradona. Y eso jamás puede ir en el debe de Leo Messi, pero sí en el haber de Diego Armando Maradona. Bilardo le dio el brazalete en otoño del 82 y lideró la selección hasta julio del 94. Con altibajos, en momentos buenos y en otros horribles. Con idas y venidas, pero fue un liderazgo que asustaba e imponía. A compañeros y rivales, a todo el mundo.

Argentina no tiene un patrón de juego. Vive inmersa en debates internos, se cuestiona todo. Aún así ha jugado una final de un Mundial y dos finales de América en los últimos tres veranos, con dos entrenadores distintos. Eso no lo consigue cualquiera. Recordar que Maradona era capaz de sobreponerse a casi todo no es infravalorar a Leo Messi, ni mucho menos. Cuando Messi deje el fútbol, podremos decir que le vimos jugar con un rictus de admiración absoluta. Eso no está reñido con recordar que jamás hubo y probablemente habrá, un jugador con la capacidad de liderazgo tan brutal y por encima de cualquier contexto que tuvo Diego Armando Maradona sobre un terreno de juego.

El balón como enemigo

El tren de alta velocidad no para en Lille. Ayer lo pudimos observar con nitidez en el primer tiempo del partido entre Francia y Suiza. Moussa Sissoko y Paul Pogba, con metros por delante, son imparables.

El problema para Francia y muchas selecciones en esta Eurocopa, es cuando no pueden desplegarse en ataque. Si el rival les entrega la pelota y hay que generar juego se instala el colapso.

Cabaye como solución

Didier Deschamps detectó esa carencia en su selección en los dos primeros partidos. Ayer apostó de inicio por Yohan Cabaye. Es el más capacitado para mejorar el primer pase de todos los centrocampistas que tiene Francia en este torneo.

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Con Cabaye en la base de la jugada, Sissoko y Pogba tenían libertad para desengancharse una y otra vez. En los primeros minutos exhibieron su capacidad para devorar metros en transición. Pogba mostró su repertorio para disparar con ambas piernas. Esta temporada ha mejorado en su relación con el juego, pero sus principales virtudes siguen estando relacionadas más con el gol.

Con el paso de los minutos, Suiza se fue agrupando cada vez más y Francia, pese a la presencia de Cabaye, no supo generar grietas por las que filtrar algún balón. El mediocentro del Crystal Palace tuvo poca influencia en el juego.

Xhaka al mando

Granit Xhaka consiguió que a Suiza le durase más el balón con el paso de los minutos. No generó mucho peligro en ataque, pero sí consiguió detener las cabalgadas de los galgos franceses. La segunda parte demostró que ambas selecciones son más felices sin el esférico, ninguna supo desarmar a la otra cuando tuvo la posesión. Payet, un día más, pudo cambiar el sino del partido en el tramo final, pero esta vez no llegó el gol.

La solidez como arma

Francia terminó con un sistema 4-1-4-1 con Sissoko y Payet por fuera, Pogba y Matuidi por dentro. No son Giresse, Genghini, Tigana y Platini precisamente, aunque sí tienen más solidez que los del histórico Le Carré Magique.

La apuesta por la solidez y fiar todo en ataque a la velocidad de Griezmann y lo que pueda inventar Payet, parece clara. Francia tiene sus limitaciones, sin embargo ante rivales como España o Alemania puede ser mortal de necesidad.

Suiza era feliz con el empate que la clasificaba. Se marchó frustrado Shaqiri, al que el 105 x 70  se le hace cada vez más grande. Él juega en espacios muy reducidos, su juego torna intrascendente.

España y en menor medida Alemania y Portugal, resultados al margen, son las únicas selecciones que se pueden plantear dominar con la pelota. Los cruces serán auténticas batallas estratégicas con el balón como bulto sospechoso.

 

 

Polonia está de vuelta

Polonia está de vuelta. El fútbol polaco lleva muchos años lejos de la élite del fútbol europeo. A nivel de clubes sigue lejos pero la selección, dirigida Adam Nawalka, ya puede mirar a los ojos a cualquiera.

Anoche disputó un partido francamente bueno, desde el punto de vista táctico, ante Alemania. La historia nos recuerda que un Alemania-Polonia siempre es un partido especial y no defraudó, pese a la ausencia de goles.

Orden y jerarquía

Polonia se organiza bajo un sistema 4-4-2. Junta bien sus líneas cuando el rival es superior técnicamente, matiz importante. Alterna la presión arriba y el repliegue bajo. Tiene jugadores de jerarquía en todas sus líneas, de esos que cualquier selección necesita para ser competitivos de verdad.

Todos los futbolistas clave juegan en ligas importantes del fútbol europeo. Con el talento no basta. El talento si no se compite es una cualidad vacía.

Alemania tuvo el balón, en ciertas fases monopolizó la posesión, pero no pudo en ningún momento encontrar grietas en el poblado y aplicado sistema defensivo polaco. Kamil Glik fue un coloso. El central del Torino tiene más tentáculos que un pulpo. Los extiende por arriba, por abajo y hacia los lados. Fue un muro infranqueable. Siempre un contexto favorable, con muchos compañeros cerca y sin tener que correr nunca para atrás. Alemania estuvo muy incómoda.

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Por delante juega Grzegorz Krychowiak en el doble mediocentro, ayer junto a Krzysztof Maczynski. Es una hormiguita. Trabaja hasta la extenuación y sin tener un manejo de balón excelso, sí es suficiente para administrar con criterio la salida desde atrás. Su rol de líder le permite descolgarse en ataque.

Bandas con varios registros

Los costados son clave. Ante rivales inferiores, Polonia tiene capacidad para llegar permanentemente por fuera, con la incorporación habitual de sus laterales, especialmente de Lukasz Piszczek. Ante rivales que acumulan posesión, las bandas le sirven para estirarse. Polonia fue igualando el partido ayer cuando Kamil Grosicki estiró el tapete hasta la punta por el costado izquierdo. Kuba Blaszczykowski trabajó hasta la extenuación en la derecha y Grosicki atrajo rivales y aguantó el balón hasta la línea de fondo con facilidad y criterio. Hubo minutos en el tramo final para el joven Bartosz Kaputska, tras su gran actuación ante los norirlandeses.

Dupla de primer nivel

Arriba, Arek Milik, en un rol distinto al del Ajax, y Robert Lewandowski, son una amenaza permanente para el rival. Si Polonia domina, ambos pueden ser nueves de área para rematar cualquier tipo de balón. Milik se tira unos metros atrás y es capaz de generar mucha incertidumbre en la zona de tres cuartos. Si domina el contrario, como sucedió ayer en Saint-Denis, el rival no se puede confiar en ningún momento. Jerome Boateng estuvo excelso en la vigilancia.

Siempre hay un pasado

Las comparaciones son odiosas. Polonia sigue lejos de aquella selección que ganó un oro y una plata olímpica en el 72 y en el 76. La que sorprendió al mundo en el 74 y en menor medida en el 78. La misma que cerró una década gloriosa con el tercer puesto en el Mundial 82.

No tiene al portero Jan Tomaszewski ni al central Wladislaw Smuda. No hay un jugador tan determinante como el gran Grzegorz Lato, ni siquiera cuenta con un Zbigniew Boniek, al que vemos desde el palco sufrir y disfrutar en esta Eurocopa. Pero tiene un bloque compacto y organizado, dotado de jerarquía en posiciones clave y con un pie ya en los octavos de final.

 

 

Payet emuló a Platini

Dimitri Payet asistió a Giroud en el primer gol y firmó el de la victoria, en el ochenta y nueve, cuando el empate se cernía sobre Saint-Denis.

Francia gano in extremis a Rumanía, que hizo honor a su buen nivel defensivo, no obstante ha sido la selección menos goleada de la fase de clasificación. Sólo encajó dos goles en diez partidos. Hoy tuvo un valladar en uno de sus centrales. Dragos Grigore rindió a un nivel altísimo.

Payet es el primer nombre propio de esta Eurocopa, a sus 29 años ha firmado una temporada excepcional en el West Ham inglés. En el 4-3-3 de Didier Deschamps juega arriba a la izquierda, ese es su punto de partida. Desde allí aparece por todo el frente de ataque exhibiendo su potencia, uno contra uno y buen disparo.

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Problemas para armar juego

Francia tuvo problemas para armar fútbol. Pogba se implicó bastante en esa misión, pero él no es un organizador, juega de interior derecho. Aunque en la Juve, en el segundo tramo de la temporada sobre todo, ha participado más en el inicio del juego, no es un jugador capacitado para esa misión.

N’Golo Kante estuvo excelso en la recuperación, pero no tiene tanta facilidad para dar fluidez a la pelota. El otro interior, el todocampista Matuidi, estuvo por debajo de su nivel habitual. De los centrocampistas que tiene Francia en este torneo, Yohan Cabayé podría mejorar la fluidez en la circulación del balón, pero en el sistema de Deschamps parece imposible que pueda prescindir de alguno de los tres medios titulares.

En ese contexto, Francia iba ganando a los puntos, pero sólo generaba peligro en ramalazos individuales de Griezmann, Giroud, ejerciendo de hombre ancla arriba, y el propio Payet, pero colectivamente no era superior a Rumanía.

El orden rumano

Anghel Iordanescu, veterano técnico rumano, apostó por un 4-2-3-1 con Hoban y Pintili, los mediocentros con los que terminó la fase de clasificación. En tres cuartos de campo colocó tres mediapuntas: Popa, Stanciu y Stancu, dejando arriba a Florin Andone, que seguramente seguirá corriendo a esta hora. Su despliegue, capacidad de desmarque y entrega no tiene límites. Rumanía se ordenó sin balón en un 4-4-2 que maniató a Francia.

Un balón que cazó Giroud, tras un pase, como no, de Payet, adelantó a Francia en el marcador. Un penalti absurdo de Patrice Evra sobre Stanciu posibilitó el empate, obra de Stancu, que transformó el lanzamiento.

El empate era justo, pero Dimitri Payet decidió emular a Michel Platini treinta y dos años después de su gol a Dinamarca, en el encuentro inaugural de la Eurocopa de Francia 84. No son goles similares pero sí tienen el mismo significado, la victoria de Francia en su debut como anfitrión de una Eurocopa.

Payet hizo el dos a uno con un golazo memorable. Su zurdazo lo empujó a la red toda Francia y Dimitri lo agradeció con lágrimas tras ser sustituido instantes después por Sissoko.

Francia golpea primero y puede extraer una conclusión clara: Payet y diez más.

Mis respetos, Profesor

Uruguay está eliminado de la Copa América, la derrota uno a cero anoche ante Venezuela, unido a la victoria de México ante Jamaica, le deja fuera del torneo antes de disputar la tercera jornada de la fase de grupos.

Un lustro de éxitos

Esta generación uruguaya ha competido de maravilla en el último lustro. Cuartos del mundo en 2010 y campeones de América en 2011. A un nivel más discreto, cayeron en octavos de final en el Mundial de Brasil 2014 y en cuartos en la pasada Copa América.

El Profe Tábarez, Fernando Muslera, Maxi Pereira, Palito Pereira, Diego Godín, Mauricio Victorino, Arévalo Ríos, Nico Lodeiro, Luis Suárez y Edinson Cavani ya estaban en el Mundial de Sudáfrica. En el momento de la derrota, es obligatorio echar la vista atrás.

Luis Suárez

El Maestro Tábarez declaró en la previa que antes estaba la persona que las necesidades del equipo, en alusión al estado físico de Luis Suárez, ausente en los dos primeros partidos por su lesión en la final de la Copa española. Pese a que calentó anoche y mostró visiblemente su enfado por no jugar, Tábarez prefirió no arriesgar su integridad física. Con el paso de los días, Suárez debería valorar la valentía de su técnico. Para Tabárez hubiera sido más fácil ponerle, ahora los palos son para él.

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Uruguay echó de menos su voracidad. Esta generación uruguaya lleva en su ADN una forma incomparable de competir y Suárez es la descripción perfecta de la palabra competir aplicada al fútbol. Venezuela se puso por delante en la primera parte, Rondón aprovechó el rechazo del larguero tras un lanzamiento descomunal de Alejandro Guerra, a un nivel altísimo en Atlético Nacional, y adelantó a la Vinotinto.

Uruguay formó con un 4-4-2 de inicio, con Stuani cerca de un Cavani muy errático de cara a gol. En mediocampo una línea de cuatro con Carlos Sánchez y Gastón Ramírez en los costados. Uruguay no supo o no pudo dominar e instalarse en campo contrario en ningún momento con capacidad para hacer daño.

Los virajes de Dudamel

Venezuela ha llegado a la Copa América con una intención de tener el balón, por eso junta a Tomás Rincón y Arquímedes Figuera en mediocampo. No lo consiguió del todo ante Jamaica en su estreno. Anoche apostó por Adalberto Peñaranda y sacrificó a Luis Manuel Seijas. Rafael Dudamel, técnico venezolano, tenía claro que Uruguay tenía que llevar la iniciativa tras su derrota en la primera jornada, aunque no es su fuerte, y el jugador del Granada podía hacer mucho más daño a la contra en un costado que Seijas, al que le gusta más jugar por dentro pese a que jugase en banda izquierda el primer partido. Dotó al equipo de un perfil más contra golpeador.

Falta de un canalizador

Uruguay tuvo la pelota en el segundo acto, notó más que nunca su incapacidad para dominar a través del balón, ese ha sido quizá su gran problemas en estos años, aunque no le hizo falta tener una figura así para ganar en su momento. Una labor que hizo a las mil maravillas Diego Forlán, sin ser centrocampista, en la Copa América 2011, allí fue el costurero del equipo. Esa labor nunca ha sido capaz de hacerla igual Nico Lodeiro. Quizá no sea culpa suya, no es fácil ser Diego Forlán.

Uruguay se fue apagando en el partido, incluso dio la sensación que perdía parte de su vigor. El contexto en el que se jugó la segunda parte, perdiendo y teniendo que llevar la iniciativa, fue el peor posible para los charrúas.

No se puede ganar siempre, algo que olvidamos con frecuencia en el fútbol,  y esta generación uruguaya ha ganado mucho. Quizá sea momento de cambiar algunas piezas pero ahora, más que nunca, hay que ponderar lo que ha hecho esta generación dirigida por unos de los mejores técnicos de la historia del fútbol sudamericano: Óscar Washington Tabárez.

 

Un día cómodo en la oficina

Haití no pudo juntar sus líneas en ningún momento del partido de anoche ante Brasil. En muchos tramos del mismo fue muy arriba a buscar al contrario, sobre todo en el segundo tiempo. La canarinha, mucho mejor técnicamente, castigó tanto agujero con verticalidad y contundencia.

Mucho espacio entre líneas

Para un Brasil tan necesitado de una gran actuación, Haití fue un como encontrar un manantial en el desierto. Fue un día cómodo en la oficina. Pese a ello, el partido que hizo Brasil fue bueno y convincente, especialmente en el primer tiempo, después fue más fácil aún.

Tras dos partidos jugados se pueden escudriñar ya algunas virtudes y defectos en este Brasil que dirige Dunga. Los laterales, Dani Alves y Filipe Luis, tienen la llave del cofre. En un equipo sin extremos puros y ni mucho talento en la mediapunta ni para el gol, las subidas permanentes al ataque de ambos son clave para dar amplitud y generar superioridades.

Casemiro se asienta cada vez más en el mediocentro, ayer tuvo a Elías más cerca en algunos momentos. Ante Ecuador jugó un 4-3-3 más claro con Elías y Renato Augusto de interiores, con metros por delante para llegar. Elías tiene capacidad para llegar arriba, es una de sus virtudes, pero su despliegue físico le permite ayudar también en defensa.

En defensa surgen dudas, especialmente en el centro de la zaga con Gil. Es lento, recuerda mucho a Roque Junior, uno de los centrales de la canarinha en el Mundial de Japón y Corea 2002. Ante rivales más potentes, Brasil puede tener una vía de agua por ahí.

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El nombre propio de Brasil fue Philippe Coutinho, autor de un Hat trick y clave del buen primer tiempo en líneas generales de Brasil. Cuando está inspirado hay muy pocos con su talento. Su magia intermitente apareció con más regularidad que de costumbre. Fue una buena faena de aliño la suya.

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Duckens Nazon y el recuerdo de hace un año

El segundo acto fue un intento suicida de Haití en busca del gol del honor, que finalmente consiguió Marcelin. Destacó Duckens Nazon, entró por Kervens Belfort tras el descanso y se movió bien, con inteligencia. Para el recuerdo el gol histórico que consiguió ante Panamá en la pasada Copa de Oro, hace casi un año, y que sirvió para empatar aquel partido.

En los segundos cuarenta y cinco minutos Brasil jugó a ganar la espalda a la defensa de Haití y ahí destacó Gabriel Barbosa, Gabigol es un sabueso peligroso. Vive en línea con los centrales contrarios gracias a su movilidad y tiene facilidad para armar rápido la pierna y disparar a gol. Hubo un pase de Lucas Lima, sobre el mismo Gabriel, para poner en los resúmenes del año.

Hubo brotes verdes en Brasil, aunque el análisis debe ir acompañado de toda la cautela posible por el rival que tuvo enfrente.

 

 

 

Sentirse importante

“Con Colombia juego hasta cojo…”, esta fue la frase que pronunció al final del partido el capitán de la selección colombiana, James Rodríguez. La afirmación tiene un punto demagógico, pero expresa bien como se siente James con su selección. Anoche firmó un muy buen partido con un gol, una asistencia y varias jugadas en las que capitaneó las acciones ofensivas de su equipo.

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El 4-3-3 de Pekerman

Le ayudó José Pekerman desde la pizarra. El técnico argentino que dirige a los cafeteros dibujó un 4-3-3 en el que James partía desde el costado izquierdo hacia dentro para terminar viendo la portería contraria de frente. Colombia encuentra una mina de oro cuando inclina el campo hacia el sector izquierdo. Allí se juntan Farid Díaz, James y Cardona. Cuando se juntan dos futbolistas de tres cuartos de campo con tanta calidad y tan compatibles como Cardona y James se produce beneficio inmediato. James tuvo más metros por delante para llegar, no recibió tanto de lado o de espaldas y tuvo siempre cerca gente a la que darle el balón con ventaja.

Colombia hizo un gran primer tiempo, marcó dos goles y fue muy superior a Paraguay.

La sombra de Ortigoza

Ramón Díaz optó por colocar a Darío Lezcano de nueve. Con el paso de los minutos Almirón jugó por dentro, con libertad, dejando los costados para Romero y Benítez. Pero Paraguay es una selección huérfana. Néstor Ortigoza era clave en este grupo. Ramón tiene superávit en ataque: mucho, bueno y distinto, pero le falta un suministrador, alguien que active todo eso, y ese era Néstor Ortigoza, ausente del torneo por lesión.

Ospina

Colombia fue peor en el segundo acto. Entraron Celis y Marlos por Sebas Pérez y Juan Cuadrado. La disposición fue más un 4-4-2 que dio aire a Paraguay y alejó a Colombia del arco de Justo Villar. Cuando Colombia se tambaleó, Ospina paró el columpio de golpe. Hizo un paradón nuclear tras un remate de cabeza del central Gustavo Gómez que dejó boquiabierto a todo el mundo.

En fútbol es que los jugadores se sientan bien en el sistema, que la posición en el campo les permita explotar sus virtudes…

Pero hay otro aspecto, más intangible, pero igual de importante: la confianza, el rol y sentirse líder. El ejemplo perfecto lo encontramos en la actuación de James Rodríguez ante Paraguay.

 

La importancia de “mezclar” bien

Saltó Argentina a la hierba del Levi’s Stadium de Santa Clara con un sistema 4-2-3-1 en el que el doble pivote estaba formado por Javier Mascherano y Augusto Fernández. Por detrás: Nico Otamendi y Ramiro Funes Mori, por delante y bastante lejos: Ever Banega.

Los sistema son números, lo verdaderamente importante es que como mezclen entre sí los jugadores que forman dicho sistema. Argentina no tenía forma humana en el primer acto de llevar el balón en condiciones hasta la zona de tres cuartos. Los jugadores que ocupaban la zona central de la defensa y el mediocampo no tienen entre sus virtudes, tienen otras, darle fluidez al balón en el inicio del juego.

Enfrente estaba Chile. Sólo ha pasado un año desde que se marchó Sampaoli y muchos de los jugadores son los mismos, pero la selección es distinta. El primer acto chileno fue magnífico en la parte del juego que consiste en anular a tu rival, además convirtió las recuperaciones en transiciones muy peligrosas porque arriba Chile es vértigo.

Con Marcelo Díaz al frente de las operaciones, la Roja fue un equipo ordenado que maniató y castigó las deficiencias para salir jugando de la albiceleste. Chiquito Romero acudió al rescate de los suyos.

En la segunda parte, Ever Banega retrasó unos metros su posición, del 4-2-3-1 se pasó un 4-3-3 en el que Ever aparecía más en la gestación. El uno a cero nace de un falló de Arangüiz, con una pérdida de balón gravísima, pero el movimiento táctico de Martino de retrasar a Banega estaba comenzando a dar sus frutos.

Mascherano significa jerarquía, entrega, oficio y conocimiento del juego, pero no es un “5” armador de fútbol. Augusto, a su lado, está desnaturalizado como diría el gran Diego Latorre. Tanto Mascherano como Augusto serían los complementos perfectos para un “5” con más capacidad de mover un equipo en torno al balón.

Con Banega más atrás y Argentina ganando uno a cero, el escenario se presentaba ideal para que Di María jugase al pilla-pilla con espacios. Ahí el Fideo es un escándalo. Banega y Di María fueron de la mano a cazar a todos los demás.

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¿Y Chile? Se lesionó Mena y Pizzi metió a Orellana. El cambio era muy ofensivo, la intención de presionar y morder arriba seguía existiendo. Fue un equipo de ida y vuelta. Por el rival que tenía enfrente y el marcador del momento, Argentina fue un durísimo oponente en ese contexto.

Chile, a diferencia de Argentina, sí tuvo buena salida inicial con Marcelo Díaz, lo que le faltó fue pausa unos metros más adelante. En la selección chilena de Sampaoli, el Mago Valdivia era el encargado de pisar el embrague y reducir las aceleraciones del resto de compañeros en el momento justo. Tenía la pausa de los elegidos.

Chile tiene orden, capacidad para ir y venir y una resistencia a la derrota a prueba de bombas, pero le falta un jugador capaz de ordenar todas esas virtudes en el momento justo.

Con todos ustedes, Juan Carlos Osorio

“El fútbol es de los futbolistas, pero cuanto agradecen los futbolistas que aparezcan entrenadores como Juan Carlos Osorio”, la frase no es mía, es de mi compañero de la Cadena COPE y SportYou, David de la Peña (@david_delapena) , pero la suscribo plenamente.

El técnico colombiano que dirige a la selección mexicana realizó anoche un planteamiento soberbio. No es la primera vez, su Atlético Nacional de Medellín ya deslumbró en Sudamérica. México sorprendió a Uruguay con un sistema 3-1-3-3 con Layún en la posición de interior derecho, Araujo como central derecho en línea de tres centrales y Diego Reyes, que estuvo excelso, por delante de Rafa Márquez, en la posición de pivote defensivo. Andrés Guardado, mediocentro en el PSV,  se colocó como interior izquierdo, con tendencia a estirar el campo hacia ese costado aprovechando las diagonales hacia dentro de Corona.

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México dio una exhibición de como salir jugando desde atrás en el primer tiempo. Rafa Márquez, el Kaiser de Michoacán, mantiene el punto de mira y la jerarquía, Miguel Layún fue indetectable en su posición de interior y Héctor Herrera quedó liberado para jugar por detrás de Chicharito y llegar permanentemente desde atrás al remate, aprovechando la presencia de Javier Aquino y Jesús Corona como extremos abiertos.

Uruguay no se da nunca por vencido, jugó muchos minutos con diez hombres, tras la expulsión de Matías Vecino, hasta que fue expulsado Andrés Guardado. Estar con uno menos no fue óbice para adelantar sus líneas tras la reanudación. El “Profe” Tábarez ajustó el equipo con la entrada de Álvaro González por Nico Lodeiro, sacrificando el enganche. Uruguay mostró la actitud combativa de siempre,  más una dosis de ambición extraordinaria y un Godín heróico.

Empató el partido y puso a México contra las cuerdas. A Osorio le quedaba una bala, dio entrada a Hirving Lozano, el extremo de Pachuca, en lugar de Javier Aquino, minutos más tarde a Dueñas en lugar del Tecatito Corona. Layún se colocó más abierto en la derecha y en transición destrozaron a una selección uruguaya exhausta ya por el esfuerzo. Hirving Lozano fue una pesadilla entrando por el costado izquierdo en el tramo final de partido.

Ganó México tres a uno presentando su candidatura a conquistar la Copa América Centenario. No fue un partido redondo por su parte, porque en la segunda parte perdió el control y Uruguay mereció sobradamente el empate, pero la riqueza táctica de su técnico, junto a la calidad individual de muchos de sus futbolistas, presentan al Tri como favorito claro al triunfo final.